Después de 150 días del inicio del plan de vacunación contra la Covid-19 y el desembuche de mil quinientos melones de pajarracos verdes de pecho rojo destinados a la compra de vacunas, esta república bananera está propiciando que la mara se entregue al pánico. El problema fundamental es que no hay vacunas, pero también hay un desabastecimiento de medicamentos para la pavorosa enfermedad, y una ineficacia increíble para administrar las vacunas (las pocas que hay) a la población.

Cuando el Congrueso de la República aprobó de urgencia el Plan Nacional de Vacunación, el 12 de enero, ya la mayoría de países había iniciado negociaciones para adquirir la vacuna con las farmacéuticas globales que ni siquiera tenían autorización de vender vacunas en ese entonces. Tal cosa implicó que Guatemala se sumara tarde al mecanismo Covax (colaboración para un acceso equitativo mundial a las vacunas contra la COVID-19), para obtener vacunas para el 20% de la población. Luego los rusos enhebraron al gobierno de Guatemala, debido a que no se dan abasto con la producción de vacunas…

Aunque sobre el contrato firmado por parte del gobierno de Guatemala con los rusos, se ha dicho que es lesivo a los intereses de la nación guatepiorteca, hay que decir que cualquier contrato de vacunas es similar. Lo que ocurre es que los rusos, como dijimos, no se dan abasto, y quizás una buena alternativa hubiera sido que no se destinara todo el pisto a una sóla casa farmacéutica. Pero lo hecho, hecho está, así que nos va a tocar aguantar, hermanitos, porque… qué le hacemos… La bromita, dicho sea de paso, nos salió en 614.5 melones de quetzalcuacos, que, primero Dios, los rusos nos devuelvan en algún momento… ya sea en forma de vacunas o en efectivo.

Fotografía de Esbin García

Hay, incluso, deficiencias en el sistema de cómputo del proceso de vacunación… Así que, por ejemplo, tuvo que hacerse registro manual en los primeros días… Lo cual es reverenda cagada porque se presta a la corrupción.

Pasa que todo el Plan de Vacunación no ha cumplido las fases previstas. Por ejemplo, primero se tenía que vacunar a todo el personal sanitario que atiende a los pacientes de Covid, pero se empezó la segunda fase sin terminar la primera… Vaya control.

Dejando de lado que las fases de vacunación avanzan de forma virtual, ayer se llegó al colmo cuando cientos de ciudadanos decrépitos hicieron cola para ponerse la mentada vacuna y recibieron la respuesta que nadie quiere oír en esos momentos de tensión ambiental: ya no hay vacunas, muchá. Lo que resulta verdaderamente inconveniente, pues las personas vacunadas con la primera dosis de la vacuna rusa deben ponerse la segunda en 21 días. ¿Es buen momento de entregarnos al pánico? Yo diría que sí.

Cinco meses después de haber iniciado el dichoso plan de vacunación, hemos podido (hemos suena a manada…) inmunizar al 1% de la población.