Estados Unidos salió derrotado de Viet Nam, sin poder justificar, cómo la mayor potencia militar del mundo, no pudo vencer a un ejército de campesinos. La salida precipitada de Afganistán y principalmente de Kabul, de los soldados de EEUU y la OTAN, es una repetición de lo acontecido en Saigón, hace 46 años, cuando los vietnamitas les propinaron la más grave derrota militar de la historia.

Desde 2001, George W. Bush, anunció que sus tropas iniciaban una campaña militar contra el movimiento Talibán, por apoyar a Al Qaeda, atribuyéndole los atentados del 11 de septiembre contra el World Trade Center y el Pentágono. Veinte años después, la toma de Kabul y el control político por los Talibanes, constituye otra gran derrota en pleno Siglo XXI. Los norteamericanos fueron por el petróleo y el gas natural afgano, pero su retirada indica que no lograron esos objetivos. Tuvo una derrota militar, al no vencer a los Talibanes, a pesar de que ese país era sostenido militar y económicamente por EE.UU. Su salida fue igual a la de Viet Nam, donde no logró doblegar incondicionalmente a los rebeldes, como se hubiera esperado.

El fracaso en Afganistán dejó atrás un país sumido en más problemas de los que encontró, abandonando a su suerte a 37 millones de afganos. El 73 % de la población vive bajo el umbral de pobreza y 6.8 millones de personas corren riesgo de padecer inseguridad alimentaria aguda. En 2017 la mitad del presupuesto se pagaba con financiamiento exterior y el país producía el 86% del opio del mundo. El conflicto costó al presupuesto estadounidense 2.26 billones de dólares, suficientes para financiar por varios años la ayuda mundial del desarrollo

En los últimos conflictos, Estados Unidos, no llegó a comprender las características de sus oponentes, mucho menos a entender el tipo de conflictos a los que se enfrentaba. En Viet Nam, no llegaron a conocer al pueblo vietnamita, su idiosincrasia, mucho menos el motivo de los sacrificios que realizaban los combatientes, para enfrentar al invasor extranjero y liberar a su país. Al no entender esos aspectos básicos, tampoco planearon una verdadera estrategia para ganar la guerra. El poderío bélico y su tecnología, fue la carta de presentación norteamericana, creyendo que eso le bastaría para lograr la victoria. En ese conflicto lanzaron explosivos, equivalentes de 7 bombas atómicas. Las jóvenes guerrilleras derribaron alrededor de 7 mil naves, entre aviones y helicópteros.  A pesar de eso, sus soldados no contaban con la suficiente voluntad de lucha, ante los ataques de un enemigo, que como fantasmas nunca miraban. Al subestimar a su oponente, esos aspectos subjetivos, nunca fueron valorados, para ellos eran simples campesinos harapientos, armados con trampas, simples terroristas.

En Irak, los norteamericanos tampoco entendieron la guerra.  Luchaban por tomar una posición, lo cual constituía su objetivo, para luego abandonarlo, cuando los guerrilleros se retiraban y así era todos los días, incluso peleando por el mismo objetivo. Así fue toda la guerra, que les causó un gran desgaste. En la ocupación estadounidense de Irak en 2003, los museos de Bagdad fueron saqueados y los tesoros fueron a parar a los coleccionistas en EE.UU. y Europa.

Fotografía de Rodrigo Abd

La cuna de la civilización fue objeto de rapiña y destrucción. La Biblioteca Nacional de Bagdad fue incendiada y miles de documentos antiguos desparecieron entre las cenizas. Se perdieron los primeros textos de la escritura y los sistemas numéricos de la humanidad. Los saqueadores se llevaron piezas de incalculable valor de la antigua Mesopotamia, Sumeria, Acadia, Babilonia y Asiria, de esa manera fue violada la memoria de la cuna de la humanidad, sin respetar que las partes en guerra están obligadas a proteger el patrimonio cultural de los lugares en conflicto. Los Nazis en la II Guerra Mundial, quemaron libros valiosos en Europa. La Inquisición hizo lo mismo, cuando Fray Diego de Landa, en 1562, quemó durante cuatro días con sus noches, los códices mayas, argumentando que eran obra del demonio. En ese entonces se perdieron todos los avances científicos de la historia y cultura de los mayas. Lo mismo hizo Pinochet en Chile y Castillo Armas mandó a quemar cuanto libro o texto escolar fuera considerado literatura comunista.

En estos conflictos, EEUU, trata de imponer por la fuerza su “modelo de democracia”, sin comprender y respetar las condiciones históricas y culturales de los pueblos. Prevalece la guerra de rapiña y la lucha por los recursos de los países invadidos. Pero, ¿Qué está detrás de la derrota norteamericana, porqué el ejército más poderoso volvió a morder el polvo de la derrota? El enemigo no se encuentra solo en los lugares invadidos, su frente interno es importante y se le puede voltear al no tener una moral o confianza en la victoria. Son guerras impopulares para el propio pueblo norteamericano. Desde Viet Nam, llegaron más de 50 mil ataúdes con sus soldados muertos, y las derrotas se trasmitían por la televisión nacional, razón por las que hubo muchas manifestaciones contra esa guerra. También hubo resistencia a enlistarse en el ejército y muchos veteranos tiraron las medallas en actos públicos. El costo en dinero es de miles de millones que bien pudieron servir para mejorar el sistema de salud norteamericano. Pero el Complejo Militar Industrial, que produce el armamento para ser utilizado por el ejército y no guardarlo en bodegas; gana billones de dólares con esas guerras, ese es el negocio.