FOTOGRAFÍA DE FERNANDO CHUY

La ciudadanía empieza a ver con desconfianza la tormenta del próximo proceso electoral, donde se supone haremos un recambio de nuestros “representantes” con el fin de cumplir el mandato constitucional de mantener la república dentro del marco de una democracia participativa. ¿De verdad?

El viejo truco de descalificar a quien elige, nada nuevo en la historia. Recordemos que en EE.UU. después de la guerra civil y la emancipación de los esclavos, los dirigentes políticos llegaron a un “acuerdo” donde el voto del hombre negro constituiría un 60% del voto del hombre blanco e increíblemente a esta altura de la historia el hombre negro, que es el mayor poblador de las cárceles en la tierra del norte, no puede ejercer el voto si ha servido una condena, ni más ni menos que el 2% de la población negra ha estado en la cárcel, lo que inhabilita para votar a millones de hombres negros. Y los legisladores republicanos están actualmente en una batalla por la redistribución de los distritos electorales, garantizando así que, no importando el número de votos, el número de representantes seguirá siendo blanco en una amplia mayoría.

 

¿Qué tiene que ver esta analogía con nosotros?

Me viene a la mente el “acuerdo amistoso” logrado entre una candidata con impedimento constitucional y el Estado de Guatemala, donde nuestro respetado Procurador General de la Nación, declinó una batalla por la defensa de la Constitución Política de la Republica y en clara contravención de los intereses de la nación y el Estado de Derecho, optó por una solución con tinte electoral. Sin embargo, dado que dicho acuerdo no es una sentencia de la Corte Interamericana de DDHH, sino un acuerdo entre las partes en la Comisión Interamericana de DDHH, ojo a la palabra Comisión y no Corte, dicho acuerdo amistoso no tiene carácter vinculante. Por lo tanto, me pregunto cuál será la güizachada que nos prepara la honorable Corte de Constitucionalidad para expulsar del ordenamiento jurídico la sentencia firme y ejecutoriada de dicho órgano que impide la participación de la susodicha candidata, con el agravante que uno de los firmantes de dicho acuerdo es ni más ni menos que magistrado a dicha corte, excandidato a la vicepresidencia.

 

¡Hablemos de conflicto de intereses!

De tal manera que, en los últimos 10 años hemos visto cómo dos candidatas con impedimento constitucional para optar al cargo han pretendido en fraude de ley a la Constitución participar en el proceso electoral. Tal es el caso de la señora que se divorció del presidente para casarse con el pueblo…

Y esto nos devuelve al título del presente artículo.

Las prácticas tramposas que vivimos en la elección de Rector ¿Magnífico? en la universidad estatal nos debería de poner en alerta máxima. Amparo de por medio, cero transparencia, representatividad nula. ¿Cómo fue posible una elección por planilla única con únicamente los electores del candidato ganador presentes? Se logró mediante tretas legales, descalificar tanto al candidato como a sus cuerpos electorales. ¿Cómo se va a celebrar una elección con únicamente los electores de un candidato? Pues sí, todo es posible en esta democracia bananera, donde las prácticas de trampa y represión ya alcanzaron a la reserva moral del país, la academia.

La respuesta inicial de los verdaderamente afectados:  los estudiantes.  Se vio con la toma de las instalaciones del centro electoral, lo cual derivó en un enfrentamiento con los antimotines, donde el gas lacrimógeno, al estilo de los años setenta, fue indiscriminadamente utilizado para disolver las manifestaciones de rechazo. ¿Preludio a lo que viene? Porque así se vislumbra el proceso 2023…

En las elecciones próximas el 40% de los electores tendrán 35 años o menos. Pues ese segmento de la población es ni más ni menos el que está mostrando rechazo ante el proceso en la Usac.

Fotografía de Fernando Chuy

La insatisfacción se está volviendo indignación en Guatemala y es importante ahora que Ucrania está mostrando los efectos mundiales que la guerra está provocando, que los lectores estudien el fenómeno de la Revolución Naranja de 2004 y la Revolución de la Dignidad de 2014, en dicho país hoy en guerra. Al igual que allá si se siguen cerrando las vías institucionales para la expresión popular el resultado será un latigazo del pueblo. Después de todo acá en Guatemala ya vamos a mitad de camino…

Recuerdo el dicho de mi abuelo: Cuidado con empujar demasiado al burro, se te puede caer al barranco…