SIN TAPUJOS

El día 14 de los corrientes en el Cantón Chichihuitlán, cerca de la ciudad de Quetzaltenango después de que concluyó un concierto musical que era parte de los festejos de la Independencia, con una concurrencia aproximada de 10 mil personas perecieron nueve personas asfixiadas por compresión torácica y otras veinte resultaron heridas, todas víctimas de una estampida humana.

Fotografía de Osmar Toc

En una entrevista a través de un medio televisivo, escuché a Jennifer Díaz Sánchez, una de las víctimas de la tragedia, quien relató cómo reconoció los cuerpos sin vida de su mamá Vilma Sánchez Figueroa de 40 años y su hermana Ashley Estefany Sánchez de 12 años, así como otros relatos de parientes que perdieron a sus familiares.

Ese concierto era uno de tantos de los que se iban a realizar como parte de un Festival de Independencia, para el sábado 17 se iba a realizar en Petén y para el 24 de este mes en la ciudad de Guatemala. El evento fue patrocinado por Cervecería Centroamericana S. A. y organizado por Calavera Producciones, S. A., esta empresa encargada del concierto afirmó que el concierto contaba con un seguro, ojalá sean indemnizados los familiares de las víctimas tanto de los fallecidos como de los heridos. Claro está, que el dinero no repone la vida, pero al menos que sean compensados con una buena indemnización.

Sinceramente da cólera la forma en que se realizan esta clase de actividades, porque no se tiene ningún control de seguridad, aparentemente únicamente había dos puertas de acceso y salida para esa cantidad de gente, me parece inaudito que las personas que autorizaron este concierto no hayan exigido que se llenaran más controles para que la muchedumbre evacuara el lugar sin aglomeraciones y relajos, máxime que si el espectáculo lo patrocinaba la dicha cervecería, lógico era pensar en la venta de licor a precios de quemazón y ya la muchachada con bastantes tragos entre pecho y espalda ustedes saben que hace estupideces.

El problema es que cuando se producen estas tragedias nadie se hace responsable, cada uno se tira la chibolita y al final de cuentas quienes tienen que soportar con todo son las pobres familias de las víctimas.

Mural en la Ciudad Universitaria, 1973. Fotografía de Mauro Calanchina

Para nada me extraña que no hubiese presencia en el lugar donde se realizó el concierto, de agentes de seguridad, cuerpos de bomberos y de socorro de salud pública, y personal de CONRED, para evitar que desembocara en ese desastre lamentable, porque aquí se hace todo sin contar con protocolos de prevención y seguridad.

Lo que raya en la estupidez es la reacción del alcalde municipal de Quetzaltenango, Juan Fernando López, quien dijo que las personas van por su cuenta y riesgo y que el concierto era privado desligándose de cualquier responsabilidad, por lo que no declararía luto por la muerte de las nueve personas. Se necesita ser muy imbécil para dar declaraciones como la del alcalde López, definitivamente todas las personas que asisten a esa clase de espectáculos van por su propia responsabilidad, pero eso no le quita a las autoridades municipales y departamentales su exigencia de que todo esté reglamentado a la hora de autorizar dichos conciertos.

Tampoco hubo reacción alguna de Alejandro Giammattei, sino  hasta tres días después de ocurrida la tragedia, que decretó duelo nacional, pero eso sí, cuando falleció la reina Isabel de Inglaterra, inmediatamente presentó su pésame, y no es de extrañar esas actitudes despreciables de Giammattei, porque así es su modo.

Mis condolencias a los familiares de las víctimas de ese lamentable suceso, y su pronta recuperación de las personas que resultaron heridas.

El último adiós. Familiares y amigos se despidieron de Pedro Abraham Ramírez Saquic (13 años). Una de las víctimas de la tragedia durante el Festival de Independencia Gallo.

¡NO NOS VAN A CALLAR!