Fotografía de Carlos Alonzo

Comenzaré tratando de evadir mi masculinidad y encontrar una subjetiva justificación al escribir acerca de la mujer diciendo que gran parte de la ideología de mi artículo está basada en El Segundo Sexo de Simone de Beauvoir, respecto a si es correcto o no que un hombre hable sobre de lo que sucede o pueda pensar de lo que realmente es una mujer, habla mucho de la posición ideológica que usted haya adoptado en su casa, en algún viaje, un retiro, un regreso, una religión o viendo escritos en imágenes en alguna red social, lo cierto es que la causa intrínseca de lo que sucede en nuestro país y en el mundo, toda esta violencia y maltrato supera los fanatismos ideológicos, ya sea feminista, conservador, antisemita, catequista, netobrancista o cualquier otra, no hay cambios reales, solo divisiones y las niñas, acosadas, violadas, desaparecidas, siguen exhibiéndose en las noticias como una imagen que le provoca lástima de la misma manera que una promoción de McDonalds le causa satisfacción.

La premisa del ensayo de Castor (Simone de Beauvoir) es que una mujer no nace, sino se hace, es la manera en que se educa e instruye al ser humano, la que define la feminidad en el sexo o a la diferencia en el humano hembra.

Fotografía de Carlos Alonzo

El hombre se piensa sin la mujer. Ella no se piensa sin el hombre

Y ella no es otra cosa que lo que el hombre decida que sea; así se la denomina en “el sexo”, queriendo decir con ello que a los ojos del macho aparece esencialmente como un ser sexuado: para él, ella es sexo; por consiguiente, lo es absolutamente. La mujer se determina y se diferencia con relación al hombre, y no este con relación a ella; la mujer es lo inesencial frente a lo esencial. Él es el Sujeto, él es lo Absoluto; ella es lo Otro.

Pareciera que lo dicho anteriormente sonara como un texto obsoleto del siglo pasado, pero en verdad basta abrir la aplicación de Facebook  para comprobar que la humanidad se divide en dos categorías de individuos, cuyos vestidos, rostro, cuerpo, sonrisa, porte, intereses, ocupaciones son manifiestamente diferentes, bueno una red social no es la realidad, pues mire a su alrededor, piense un poco lo que observa, mascarillas rosas para las niñas, con florecitas, ponis, arcoíris y para los machitos, de superhéroes, mascarillas negras o azules, nada que lo haga ver como mujercita. Acaso tales diferencias sean superficiales; si usted entra al Juguetón, esa cadena de venta de juguetes donde un dado le cuesta cien quetzales, observe también, armas para los nenes, y pinturas, muñecas o trastos para las chicas, tal vez estén destinadas a desaparecer en un futuro próximos cuando los patojos decidan vestirse como sus artistas de reguetón. Lo que sí es seguro es que, por el momento, sigue en total evidencia dichas categorías y estereotipos.

Políticos, sacerdotes, filósofos, escritores y eruditos, todos ellos se han empeñado en demostrar que la condición subordinada de la mujer era voluntad del Cielo y provechosa para la Tierra. Las religiones inventadas por los hombres reflejan esa voluntad de dominación: han sacado armas de las leyendas de Eva. Menciona Castor, haciendo énfasis en uno de los grandes impositores de esa subordinación, la religión. Para la ocasión podríamos citar a:

“Aunque las mujeres se agoten y se mueran de tanto parir, no importa, que se mueran de tanto parir, para eso existen.”

Martín Lutero

 “Es orden natural entre los humanos que las mujeres estén sometidas al hombre, porque es de justicia que la razón más débil se someta a la más fuerte”.

San Agustín

 “La mujer es un defecto de la naturaleza, una especie de hombrecillo defectuoso y mutilado. Si nacen mujeres se debe a un defecto del esperma o a los vientos húmedos. Sólo es necesaria para la reproducción”.

Santo Tomás de Aquino

 

Fotografía de Carlos Alonzo

Si bien podríamos debatir la influencia griega que estos personajes tuvieron, resulta innecesario por el influjo directo que éstos mismos han tenido sobre gran parte de la humanidad. ¿Eva realmente fue un complemento que se hizo para la complacencia de Adán? Para que el patojo tuviera algo con que entretenerse, ¿o si fue una versión mejorada del boceto de Adán? ¿Por qué Dios al venir a la tierra se hizo hombre y no mujer? Será que la inspiración del génesis es realmente la inspiración de un Dios hombre, o de un hombre común, que se siente dios.

El ensayo de Castor por supuesto no se argumenta solo en la religión, eso es lo que yo quería enfatizar, porque las demás influencias en las áreas rurales no son tan evidentes como la religión, una pantalla que protege y promueve los actos machistas y misóginos, casos como el de Walter Daniel Sical, sindicado de acoso sexual contra una niña de 9 años pasan a diario en las tantas iglesias que tenemos en el país, y por supuesto las personas se resignan a creer que con una oración, el Dios macho perdonará y sanará las pruebas que satanás hombre puso en el camino del humano hombre, tampoco estoy afirmando que es el único factor por el cual se cometen estos actos, no, pero sí donde los pederastas, pervertidos, pedófilos, se sienten protegidos, o como en el caso de Walter Sical, impunes por mucho tiempo hasta que algo similar ocurre nuevamente.

Y aquí es dónde entro en el conflicto conmigo mismo al pensar que las mujeres son algo más que sexo, algo más que ovarios o útero, quizás mi forjada masculinidad machista sea la que me detenga en momentos a pensar de modo feminista por decirlo así, ya que, como yo, la mayoría de hombres defienden a capa y espada el honor de la madre, la hermana y la hija, pero fuera de eso, las demás mujeres tienden a ser un culo nada más, una que se va fácil, una maje que hace bien su trabajo.

A dónde quería llegar entonces, a que desde la perspectiva de un hombre después de releer el ensayo de Simone de Beauvoir, está claro que hay que desapegarse de muchas cosas para entender que antes de ser mujer o lo contrario, somos seres humanos, o que el tema mujeres es mucho más complejo que una ridícula canción de Ricardo Arjona; por lo tanto, que pasaría si este tipo de ensayos fueran impartidos en la juventud, antes de llenarlos con grandiosas historias de polvo y costillas, ¿cambiaría algo? Y qué pasaría si estuviera viva Castor, ¿Sería una feminista revolucionaria o seguiría de amante de un misógino como Sartre?