Otto Pérez Molina, «Tito Arias» en Nebaj, Quiché 1983. Fotografía de Jean Marie Simon

Durante la Guerra Fría, Estados Unidos, planteaba que cualquier país del continente americano que cayera en manos del comunismo, sería una amenaza para su seguridad. Impuso la estrategia de la Doctrina de la Seguridad Nacional, DSN, que planteaba que el comunismo era una amenaza externa, pero que se debía extirpar en sus expresiones internas, no importando eliminar a los grupos sociales que se opusieran al régimen. De esa manera se planteó la existencia de un “enemigo interno”, constituido por la población descontenta con el sistema dictatorial y autoritario. Por eso fueron reprimidos sectores democráticos, y progresistas que se oponían a las medidas dictatoriales impuestas.  Guatemala, fue arrastrada a cumplir con objetivos de intereses externos, determinados por la Estrategia de Defensa de los EE. UU. o la DSN.

Durante varios años, se discutió el modelo de seguridad que debía prevalecer en Guatemala, luego del fin del Conflicto Armado. Se trataba de eliminar la Doctrina de Seguridad Nacional, DSN, y sustituirla por un modelo democrático, que se denominó Seguridad Democrática, planteado por el Tratado de Seguridad Democrática de Centroamérica, el cual fue aprobado por los presidentes del área y ratificado por sus respectivos congresos. Pasó a formar parte del derecho interno y de obligado cumplimiento.

Por medio de foros académicos y multidisciplinarios, se logró establecer en Guatemala, los parámetros y conceptos de la Seguridad Democrática. El Legislativo aprobó la Ley Marco del Sistema Nacional de Seguridad, y se implementó el Consejo Nacional de Seguridad. Se constituyó la Agenda de Seguridad, donde las amenazas internas y externas que enfrenta el Estado, se encuentran bastante bien identificadas. La seguridad, sólo se puede lograr desde el Estado, cuando éste cumple con sus funciones básicas.

La DSN, planteaba que el Estado debía ser el centro de las Políticas de Seguridad, con lo que aseguraba su supervivencia, o más bien su Sistema Político.  La Seguridad Democrática, por el contrario, considera que las políticas del Estado en materia de seguridad, deben girar en torno al ser humano, que el bien a defender es la población. El término de Seguridad Democrática se refiere a la existencia de un Estado, capaz de promover acciones de desarrollo; que inciden en la generación de condiciones de bienestar para su población.

De esa manera es necesario impulsar la Política de Seguridad, como política de Estado, con una nueva concepción política, teórica, institucional y metodológica, encaminada a garantizar la seguridad de la sociedad, como su componente principal. La seguridad, es una de las funciones básicas del Estado, se manifiesta en brindar seguridad a la población, uno de los componentes del Estado.

Se fortaleció el Sistema y el Consejo Nacional de Seguridad, con los que se produjeron resultados positivos y los niveles de violencia y criminalidad a nivel nacional, empezaron a descender. Sin embargo, los últimos tres gobiernos: Pérez Molina, Jimmy Morales y Giammattei, constituyen un retroceso en la historia, en materia de democracia y seguridad. Al fortalecer al ejército y ubicarlo alrededor del presidente de la República en la toma de las decisiones políticas del Estado, se ha reanudado su ideario político militarista, contrainsurgente, dictatorial y autoritario. Al ubicar a elementos del ejército dirigiendo las instituciones del Estado, se produjo una remilitarización.

El Sistema Nacional de Seguridad está cooptado por los militares, la seguridad ciudadana y la seguridad interna, así como la policía están subordinados al ejército. La inteligencia que debía contribuir en la investigación criminal, regresó a las actividades de control e investigación sobre la población, sus organizaciones sociales, líderes y activistas.  Pareciera que, de nuevo, el Estado considera a su población como el enemigo interno. Esto es legal, aunque no legítimo, porque la misma Constitución, sigue manteniendo el proyecto Contrainsurgente y le atribuye al ejército funciones de seguridad interna.

La falta de una política de seguridad no es su ausencia, sino de la persistencia de la política de seguridad autoritaria, contenida en la Doctrina de Seguridad Nacional, que los sectores conservadores se niegan a superar, la cual ha sido ejecutada sistemáticamente por los gobiernos, aún después de la Firma de la Paz Firme y Duradera, y … por una Agenda de Seguridad impuesta desde el exterior.