Se supone que los ciudadanos tributamos para pagar un gobierno que haga aquellas labores que no quieren o no pueden hacer por sí mismos, luego resulta que todo lo pagamos al doble y mantenemos los lujos de gente inepta como Giammattei.

Creemos que al pagar impuestos aportamos para obtener seguridad, salud, educación, carreteras en buen estado y mucho más, pero resulta que terminamos pagando estos servicios a empresarios y profesionales privados porque el gobierno es incapaz de brindarlos.

El remedo de gobierno actual ha sobrepasado el límite de la ineptitud al decretar por enésima vez un Estado de Calamidad. Que se van a robar lo que puedan, eso ya lo sabemos, pero es peor la falta de los servicios públicos que nos dejan en completo desamparo ante los fenómenos naturales y los vaivenes de la geopolítica mundial.

Es sumamente vergonzoso escuchar que el presidente de un país diga que “primero dios” tal o cual cosa. Da pena que la presidenta del Congreso llame a “orar” para solucionar un problema de infraestructura. Es una muestra de tercermundismo barato que los pastores de miles de “iglesias de garaje” tengan el poder de influenciar masas de seguidores y los manipulen para votar por uno u otro candidato que convenga a los intereses de sus dirigentes.

La manipulación por medios religiosos está llegando al límite de lo tolerable en un Estado laico. Es necesario poner un freno a tanta injerencia teocrática dentro de la administración pública. Debemos entender que no hemos elegido representantes de un gobierno para que oren y le pidan a “dios” que nos resuelva los problemas.

Fotografía de Fernando Chuy Kwan

Cada cuatro años, elegimos autoridades para que realicen un trabajo administrativo que nos permita obtener los servicios públicos adecuados a nuestras necesidades. Si quisiéramos políticos que se dediquen a orar por nosotros, entonces no paguemos impuestos y en su lugar paguemos diezmo o limosna a los pobres y sacrificados funcionarios.

¡Basta! de tanta estupidez señor presidente. Dedíquese a gobernar porque no le pagamos para orar. El pueblo está cansado de no recibir los servicios por los que paga. Esta harto del simplismo y del cinismo con el que pretende hacerles creer que usted hace algo por ellos.

A este remedo de gobierno le queda todavía un año de vigencia. Exijamos que el presidente y sus funcionarios cumplan con la tarea que se les encomendó. De lo contrario, deduzcamos responsabilidades por incumplimiento de deberes.

Funcionarios y funcionarias: – “A rezar, a las iglesias”. Al gobierno se llega a gobernar y trabajar por los ciudadanos.

Amigo lector, sea usted responsable al emitir su voto el año que viene. No sea cómplice de otro gobierno negligente, inepto y farsante como el que tenemos. Su familia y su patria se lo agradecerán.

Fotografía de Ban Vel