Ningún gobernante guatemalteco ha tenido el valor ni la astucia necesaria para entrarle de frente a las extorsiones, un fenómeno criminal que se ha hecho cada vez más frecuente en años recientes y que constituye un martirio para miles de ciudadanos que se han visto atrapados en su telaraña.

Parece como si en la actualidad las pandillas tuviesen una mejor coordinación y organización que el Ministerio Público (MP) y la Policía Nacional Civil (PNC), pues mientras las autoridades investigan e intentan desmantelar las estructuras criminales que se dedican a cometer este delito, ellos siguen delinquiendo y lo que es peor, asesinando a ciudadanos productivos de nuestro país.

Recientemente consulté con varios investigadores de la División Nacional Contra el Desarrollo Criminal de las Pandillas, (DIPANDA), sobre cómo es que este fenómeno criminal se ha constituido en su mayor reto de trabajo. Ellos como división investigan todos los hechos delictivos cometidos por las pandillas y su mayor fuente de casos está relacionado con el delito de las extorsiones, esta labor la desarrollan conjuntamente con la Fiscalía Contra el Delito de Extorsión del Ministerio Publico.

Las dos principales estructuras criminales que existen en Guatemala son las denominadas pandillas Barrio 18 y la Mara Salvatrucha (MS13). El mayor ingreso económico de estas organizaciones corresponde a las extorsiones. Las ganancias obtenidas a través de este delito han provocado que personas que no pertenecen a las estructuras criminales ya mencionadas aprovechen el terror que estos grupos generan en la población para hacerse pasar por ellos y pedir dinero en efectivo a través de llamadas telefónicas, a estos grupos se les llama estructuras de imitadores.

Investigadores de DIPANDA de Quetzaltenango notificaron en la Granja Penal Cantel a Mauricio Alberto Coti, de 39 años, de una nueva orden de captura por extorsión, orden girada por un juzgado de Guatemala.

LAS ESTRUCTURAS DE IMITADORES Y SUS CARACTERÍSTICAS

La principal característica de las estructuras de imitadores, es que sus integrantes no pertenecen a ninguna pandilla, por lo general son privados de libertad que cumplen condena en los  centros carcelarios del país. Ellos generalmente tienen acceso a la información de sus víctimas a través de las redes sociales, la fuente más cotidiana resulta ser Facebook, otra de las formas en que ellos obtienen la información es por tarjetas de presentación, volantes o cualquier otro tipo de publicidad, no obstante, generalmente no tienen ninguna estructura en la calle. Lo que hacen más es copiar la jerga de cómo hablan los pandilleros aprovechando que están recluidos la misma prisión.

 

NO EXISTE CULTURA DE DENUNCIA

Las estructuras de imitadores son responsables de aproximadamente el 70% de las llamadas extorsivas, y su forma de operar es mediante depósitos bancarios. Los agentes de Dipanda y los fiscales del Ministerio Público coinciden en que se necesita que las personas que están siendo víctimas de una extorsión realicen la denuncia correspondiente y no hagan ningún pago a estas estructuras ya que es a partir de allí que se fortalecen y llegan incluso a comprar armas de grueso calibre, municiones y drogas.

La denuncia es completamente confidencial y se trabaja bajo la máxima reserva para proteger a las víctimas. Los métodos de investigación utilizados por Dipanda son altamente efectivos y han contribuido a la desarticulación de numerosas estructuras de imitadores, así como las denominadas clicas de las pandillas.

La persona víctima de extorsión al momento de interponer la denuncia recibirá, asesoría y apoyo inmediato de investigadores especializados en el ámbito extorsivo pertenecientes a DIPANDA, así como Fiscales del Ministerio Publico, que conocen muy bien el tema.

A MANERA DE CONCLUSIÓN

Sino se invierte en mayores recursos para fortalecer la seguridad preventiva y mientras las pandillas sigan teniendo más recursos para operar que las propias autoridades llegará el día en que ya no será un político quien nos gobierne sino estaremos en manos de un pandillero.

Aprovecho la ocasión para exhortar a la Unidad de Prevención del Delito de la Policía Nacional Civil a que, en lugar de estar partiendo piñatas con los niños, se les hable sobre los procesos penales que cada hecho delictivo conlleva. Los delitos no se previenen jugando al gato y al ratón o comiendo pastel con los jóvenes, eso que lo haga el Programa de Inclusión del Ministerio de Cultura y Deportes, la PNC está para otra cosa.