El novelista y filósofo francés Jean-Paul Sartre a sus 26 años escribió una novela existencialista llamada “La náusea”. El libro es un inevitable descenso hacia el pesimismo donde en algún momento uno como lector creería encontrar esperanza alguna en esa narrativa despectiva e hiperrealista que expone Antoine Roquentin, el protagonista, quien es la manifestación del ser humano vacío, solo y consciente de la responsabilidad que cada uno posee sobre sus actos, una premisa que también sostenía Aristóteles que expone en el Libro VII:

“…los demás animales viven principalmente guiados por la naturaleza, pero el hombre además es guiado por la razón; sólo él posee razón, de modo que es necesario que estos tres factores (naturaleza, hábito y razón) se armonicen uno con el otro”

Cualquiera de los dos antes mencionados poseía cada quien en sus diferentes épocas la facultad de darse cuenta que inherentemente en el hombre esa capacidad de obedecer las leyes establecidas tiene que ser un acto meramente racional y que por ende dichos actos nos diferencian de los demás animales, por tal motivo el hombre también debería ser consciente de que las responsabilidades de sus actos no dependen de ninguna divinidad o de factores externos.

Alguien dijo que el presidente de la república de cualquier país es el hombre más solitario que existe, por tal razón debería de considerarse el hecho que por medio de la razón el hombre aprende a gobernarse a sí mismo, reiterando la consciencia de la responsabilidad de los actos, por ello alcanzar la gobernanza personal no es un acto de doblegar la voluntad propia sino todo lo contrario, es la posibilidad de liberarse a sí mismo de cualquier imposición externa, encontrar esa ecuanimidad llamada autonomía.

Entonces dicho esto, cabe preguntarse si es justo que una persona en este caso como el presidente Alejandro Giammattei, que no ha logrado el auto control, que tiene pactos inaceptables, que coopta la justicia con el abuso del poder, cargue a los ciudadanos con la consecuencia de sus fechorías, ¿qué diferencia a este tipo de gobernantes de los animales que actúan por impulso y sin razón?

Por el contrario, en el ciudadano común, como usted y como yo, ¿habrá una distintiva a la que podamos apegarnos para permitir la gran diferencia de estratos sociales, la desigualdad, la tiranía y todo lo demás que nos mantiene en este barco sin rumbo?

Antes de contestarse esa pregunta tome en cuenta dos factores, el primero es si usted ha logrado su autonomía personal, y el segundo es más bien un consejo: recuerde que, ante todo, somos inteligencia, o por otra parte si lo prefiere estamos hechos a imagen y semejanza de un Dios.