SIN TAPUJOS

Llegó a mis manos de parte de Francisco Valdés Paiz el interesante libro “Sin tiempo para detener el tiempo”, en el que nos revela en una forma brillante varios pasajes de su vida y la de su hermano Estuardo, y que conforme uno se va adentrando al mismo, se interpreta una vivencia increíble.

Como recordarán, los hermanos Valdés Paiz (Francisco y Estuardo), fueron arbitrariamente sometidos a prisión por un delito que jamás efectuaron, como fue la muerte violenta del abogado Rodrigo Rosenberg.

En el texto en mención se destacan aspectos muy importantes de la vida de ambos, como también desde el tiempo que tenían de conocerse con Rodrigo Rosenberg, y la relación familiar que los unió. En realidad, es una gran obra que todos deberíamos leer, porque a veces se hacen comentarios equivocados sobre ellos, sin conocerlos. Mi intención es realizar una breve acotación, no sobre las odiseas que sobrevivieron en la montaña cuando tuvieron que esconderse, tampoco sobre su larga e indigna estadía en prisión, ni de los vericuetos legales que sufrieron y que se tuvieron que someter, como también del engaño que les hizo Carlos Castresana, y la indiferencia de Francisco Dall’Anese. Mi propósito es que mis estimados lectores adquieran el libro, lo lean, analicen y saquen sus propias conclusiones.

Me referiré a lo que en el transcurso de sus vidas han realizado los hermanos Valdés Paiz en el ámbito personal, familiar y empresarial, que es lo que más mérito tiene para mí, y que es de gran trascendencia, pues muchas veces las personas por diferentes razones los clasifican mal por tratarse de empresarios de éxito, y los ubican dentro de los patronos que se caracterizan por su indiferencia ante las necesidades de las personas y ser prepotentes.

Francisco nació en el año de 1963, cuando su padre Francisco Valdés Basagoitia, fue vilmente asesinado el viernes de Dolores de 1982, contaba con apenas 19 años, y quien le dio la mala y triste noticia fue Rodrigo Rosenberg. Francisco estaba estudiando los primeros años de la carrera de Medicina en la Universidad Francisco Marroquín, estudios que tuvo que suspender para hacerse cargo de los negocios que su padre dirigía. Y Estuardo que nació en 1971, andaba por los 10 años.

Conforme fueron pasando los años, ya todos unos adultos, Francisco se dedicó a dirigir la Compañía Farmacéutica Lanquetín y los Laboratorios Quifarma, por su parte Estuardo, estudió Ingeniería en Ciencias Agropecuarias en la Universidad Del Valle, y se dedicó por completo a administrar las fincas de la familia.

Muchos creerán que por contar con solvencia económica que gracias a su tenacidad y decencia en la conducción de sus negocios han logrado, la vida siempre les ha sonreído, pero no es así, Estuardo fue víctima de secuestro, y Francisco como cabeza de familia, en medio de la angustia y sin saber cuál podía ser la suerte de su hermano, se dispone a realizar todo lo que los secuestradores opresivamente le pedían que hiciera para devolverlo sano y salvo, para eso, su mamá Carmen Alicia Paiz de Valdés, quien vivió momentos muy apesadumbrados y ante la incertidumbre de cómo se encontraba su hijo, le pide a Francisco que accedan a las exigencias porque no aguanta más esa situación insufrible.

La violencia vuelve a tocar las puertas de la familia, ya que el esposo de Carmen María Valdés Paiz, Charly, quien se dirigía a una empresa que tenía, y saliendo de Lanquetín, es víctima de un ataque armado acertándole un disparo que se introdujo en su cuerpo, cortándole la arteria aorta y la vena cava, pasando por uno de los riñones, que le provocan la muerte inmediatamente. Francisco se encontraba en el interior de la República haciendo inventarios en las farmacias, cuando le avisan del suceso, y narra sobre el calvario que pasó para poder asistir a su hermana, pues en la carretera como siempre sucede, había problemas con un tráiler que había derrapado, que finalmente volcó y quedó atravesado en la misma. Ya en la funeraria, nuevamente Rodrigo Rosenberg se acerca a los tres hermanos y luego de darles el pésame, le indica a Francisco que como cabecilla de familia tiene la obligación de sacar adelante a la estirpe y actuar con toda la serenidad del caso. Es importante resaltar la amistad que los unió desde muy jóvenes con Rodrigo Rosenberg, además que hubo un parentesco político por haber estado casado con una prima hermana de ellos.

Posteriormente sobreviene lo que todos conocemos el suicidio de Rosenberg, pero que fue encubierto como un homicidio, las investigaciones hacen parecer como si Francisco y Estuardo fueran los autores intelectuales del mismo, y ahí empieza una persecución injusta por parte de la CICIG que dirigía Carlos Castresana, y el Ministerio Público, en donde tienen que huir para poder poner en claro su situación y posteriormente entregarse a la justicia.

De todos los ofrecimientos y garantías que Castresana hizo para que se entregaran, no cumplió con nada, fue un absoluto engaño por el que tuvieron que pagar, de un delito que se les imputó y que no cometieron, pero será la historia quien se encargará de juzgar a los verdaderos responsables de esa injusticia cometida contra Francisco y Estuardo.

El 14 de mayo del 2016, el Juez Tercero de Primera Instancia Penal, emitió la resolución donde clausuró provisionalmente el proceso, retirando todas las medidas de coerción. La FECI y la CICIG apelaron esa resolución ante la Sala Cuarta Jurisdiccional, y la Sala le ordenó al juez que no podía clausurar provisionalmente, que los enviaba a debate o sobreseía el proceso. El 28 de agosto el juez Tercero toma la decisión de sobreseer la causa, lo que teóricamente da por concluido el juicio. La FECI y la CICIG, interponen un recurso de casación ante la Cámara Penal de la Corte Suprema de Justicia, y ésta resuelve en noviembre del 2018 a favor de los emplazados.

Las dos instituciones no contentas como era de esperar, en diciembre del 2018 interponen ante la Corte de Constitucionalidad un recurso de amparo en única instancia, en junio del 2019 ambos recursos fueron declarados notoriamente improcedentes.

 

Supuestamente ahí termina el calvario de estos valientes luchadores, después de una larga y dolorosa enfermedad, Estuardo dejó de existir el Viernes Santo del 2019.

Aquí finalizo el breve comentario a tan excelente obra que espero sea leído por todos, lo analicen y saquen sus propias deducciones. Lo único que puedo decir, es que, así como los hermanos Valdés Paiz fueron injustamente imputados por un delito que en absoluto cometieron, así habrá muchos otros más sufriendo las iniquidades por la insolvencia moral de las autoridades de “justicia”.