Retrocediendo al pasado vemos que la última generación que tuvo bajo su cargo la dirección del país dejó dos grandes legados: La Constitución Política de la Republica y los Acuerdos de Paz, que, aunque no hayan sido aprobados por la ciudadanía, abrieron el camino a la participación política sin distinción de colores.

Al incluirme en esa lista puedo calificar a los demás participantes como ciudadanos con sentido democrático y olfato político. Muchos quisiéramos que los actuales actores políticos tuvieran un poco nada mas de ese sentido democrático, ya que las situaciones preocupantes a la vista debido a la falta de esos liderazgos con olfato y sentido democrático son la consolidación de una clase política sin sentido ni orientación democrática, cuyos intereses son puramente personales y que eventualmente se dan cuenta que es más fácil lograrlos sin controles republicanos ni pesos y contrapesos democráticos, es decir, es más fácil lograrlos en una dictadura corporativa al mejor estilo del PRI en México.

Sin embargo, esto traería como consecuencia la aparición de movimientos populistas o extremistas que se nutren del resentimiento. Así la aparición de los movimientos anti-chairos o anti-fachos, permitiendo el nacimiento de liderazgos de venganza, tal el caso de Bolsonaro, derechista en Brasil o Petro en Colombia del lado izquierdo junto con Castillo en Perú. Ante este futuro realmente lo mejor sería un escenario como el de Chile, que, aunque la Constitución sea rechazada se abrió un espacio democrático creíble que dio voz a la juventud.

De nuevo, en este sentido, en nuestro país vamos en retroceso. Más de dos millones de jóvenes menores a los 30 años no se han empadronado frente al escenario de “tener” que votar y elegir entre el cáncer, el sida o el herpes. Es ya demasiado común escuchar a los jóvenes que “no tiene sentido votar” o que simplemente “da igual”. Si nada importa y nada se puede hacer se abren las dos puertas al infierno: votar con odio o migrar…

Nos preguntamos cómo verá la historia a los actuales dirigentes nacionales, incluyendo muchos jóvenes que supuestamente son la esperanza del país, jóvenes que sin embargo borrachos de poder entonan en estado de ebriedad el himno de los narcotraficantes “jefe de jefes” y en lugar de esbozar una visión de futuro para los propios jóvenes, hacen suya la visión de los dinosaurios antidemocráticos. Se ven en el futuro ellos mismos como un dinosaurio que logrará sortear el inevitable aniquilamiento de esta clase de liderazgos.

Fotografía de Jeffrey Abbott

Un legado de desarrollo económico ecuánime, estado de derecho creíble, el final de la desnutrición infantil que a su vez es el principal impedimento para el desarrollo humano, educación de primer mundo, un servicio civil al servicio del pueblo, infraestructura para el desarrollo y una larga lista de deseos incumplidos por nuestros dirigentes es sin embargo nuestra realidad.

Ningún gobierno puede ni podrá transformar al país en cuatro años, debemos ser como los chinos que piensan en términos de 3 generaciones. ¡Lo que se empieza hoy nuestros nietos lo alcanzarán! Todo lo demás es “pura paja” en buen chapín. Si nunca empezamos a construir un país, seguiremos viviendo en una selva donde la ley del más fuerte impera y los demás son pura carne de cañón…

Pero no, acá ocupados con lograr la venganza, el denominador común de todo el accionar público en la actualidad. Y para mientras el tiempo avanza con una ley electoral mordaza, que impide que la ciudadanía conozca a los futuros dirigentes nacionales bajo la amenaza de no ser inscritos si emiten opinión y considerarse esto “campaña anticipada”. ¿Para qué necesitamos meterlos a la cárcel como Nicaragua? Basta con tenerlos calladitos y si se “salen del guacal” pues fácil, les metemos una denuncia espuria y rapidito lo judicializamos y de nuevo, así por las buenas, se callan.

Los siguientes líderes políticos deben crear un sentir de nación, donde todos nos sintamos parte del proceso y parte del cambio. Líderes con visión de país y visión de futuro movilizando los esfuerzos en forma conjunta a pesar de la ideología distinta. Al final de cuentas, los nietos de todos los bandos seguirán compartiendo país e instituciones.

Mientras tanto, la ciudadanía a la deriva, ni a la derecha ni a la izquierda, sino todo lo contrario….