Fotografía de Esteban Biba

Es más que obvio que “todo mundo” necesita un descanso, un suspiro, un cambio de ambiente, ya que este inicio del 2021 ha sido casi tan caótico como el año pasado. Los volcanes activos del país hacen recordar el poder de la naturaleza y la fragilidad de nuestras instituciones públicas y privadas; las manifestaciones y bloqueos en todo el país evidencian la inconformidad social; y la pandemia del COVID 19 sigue complicando nuestra vida en sociedad.

Se acerca la semana santa, uno de los feriados más importantes en Guatemala, no sólo en el sentido social sino en el aspecto económico. Sin embargo, es necesario que pensemos en las consecuencias humanas de salir de vacaciones y olvidar las medidas de prevención que se requieren para evitar una nueva ola de contagios.

Si bien es comprensible el hastío del encierro obligatorio, debemos mantener el uso de la mascarilla, gel y alcohol pero ante todo, debemos mantener las medidas de distanciamiento social. Es importante evitar contacto con personas fuera de nuestro círculo familiar y cercano. Es entonces, fundamental reevaluar incluso las clases presenciales, para evitar que los niños se contagien y lleven la enfermedad a sus casas, poniendo en peligro a los demás miembros de la familia.

Aprendamos de los errores del pasado. El año pasado, veíamos como Europa cerraba sus fronteras, y aun así esperamos hasta el último momento para imitarlos. Este año vemos que de nuevo, Europa, México y otros países renuevan el confinamiento social, y muchos solicitan a nuestro gobierno que mantenga actividades normales, en lugar de exigir que se amplíe la aplicación de la vacuna.

Ante la incertidumbre y la incongruencia de las medidas oficiales, corresponde a la sociedad, a la gente, cuidar su salud y evitar la ampliación del contagio. La recomendación más sencilla, evite salir, evite aglomeraciones y procure cuidarse más en las semanas siguientes al feriado, que esperemos, no provoque una tercera ola de contagios en el país.  ¡Es mejor prevenir que lamentar!