FOTOGRAFÍA DE ESTEBAN BIBA

Con el fin del mes de junio llega también la conmemoración del 151 aniversario de la revolución liberal o revolución cafetalera, que propició entre otros hechos la creación de una serie de leyes que amarraban al campesinado indígena a la tierra, obligándolo a laborar jornadas extenuantes, muchas veces hasta alcanzar la muerte con el propósito de que el dueño de la finca alcanzara los niveles de producción satisfactorios para mantener su estilo de vida.

Posteriormente con leyes como la de la vagancia se obligaba a los campesinos a laborar a tiempo completo, eso provocaba que tuviera que depender de la “buena voluntad” de finqueros, que si existía requerimiento de mano de obra gratuita para construir obras públicas, simplemente no daba aviso que se trataba de personas que laboran y eran enviadas a trabajar en la construcción de carreteras o caminos vecinales.

Fueron muchos los abusos que se produjeron bajo el argumento de impulsar el desarrollo del país, pero que en realidad constituyeron graves violaciones a los derechos humanos, sin que existiera posibilidad de acudir a algún mecanismo de defensa. Además esas leyes y esos abusos dieron lugar a algunos de los gobiernos más represivos en historia guatemalteca.

Con la revolución liberal es creado el ejército nacional, que adopta como su aniversario el día en que se consolida ese cambio revolucionario, opacando el aniversario de la revolución, para convertirlo en el día del ejército. Durante el periodo de las sucesivas dictaduras militares ese día se conmemoraba apoteósicamente, esas fiestas en que se auto conmemoraban y se hacían apología a sus supuestas victorias quedó en el pasado, aunque el día de hoy tienen previsto un desfile más pequeño que ya no pasa por el centro histórico como como sí ocurría en el pasado.

La revolución liberal entonces trajo consigo algunos hechos que no fueron del todo positivos para la población, han transcurrido más de 150 años y la situación de la población continúa siendo similar a la de aquel momento. Para poder dar el salto se requiere de cambios profundos como los que pudieron haber soñado los dirigentes de esa y de la siguiente revolución.

Como siempre he dicho, nunca es tarde para iniciar los cambios que el país requiere, no es posible que sigamos condenados al atraso en que hemos vivido por responsabilidad de quienes se oponen al cambio.