Durante la Guerra Fría, los Estados Unidos declararon que cualquier país de América Latina, que cayera en manos del comunismo soviético, sería una amenaza para su propia seguridad. Impuso la Doctrina de Seguridad Nacional, DSN, frente al desafío que representaba la insurgencia, y los gobiernos estadounidenses recurrieron a sus aliados más seguros: los regímenes militares, con vasta experiencia y herederos de la tradición dictatorial. La DSN, fue el fundamento ideológico de las dictaduras militares de la región, mientras los valores esenciales de la democracia, fueron escondidos, suprimidos o reprimidos.

Fotografía de Edson Lozano

Ante esas supuestas amenazas externas, se planteó que el Estado debía ser el centro de la Política de Seguridad, que le aseguraba la sobrevivencia.  Se consideró a la población como el Enemigo Interno porque generaba la insurgencia. Fue la justificación de la toma del poder por los militares y de su ejercicio con una dureza extrema, aplicando el Poder Coercitivo del Estado, ya que combatir a los enemigos internos no debía conocer límite alguno

La violencia contra la población cobró una extrema dimensión dentro de la violación de los derechos humanos y Crímenes de Lesa Humanidad. Esta acción estatal se tradujo en la persecución de sectores de la sociedad que se oponían al régimen; con encarcelamiento, tortura, ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas y genocidio. El Estado de Guatemala fue arrastrado a cumplir objetivos ajenos, con una Agenda de Seguridad impuesta, determinada por la Estrategia de Defensa de los Estados Unidos y su Doctrina de Seguridad Nacional.

Con el fin de la Guerra Fría, hubo necesidad de impulsar un nuevo modelo de seguridad, que llegara a superar la concepción de la sobrevivencia del Estado, y que nadie estaba amenazando. Se debía sustituir la inoperancia de los dispositivos militares que demostraban su ineficacia para dar respuesta a la inseguridad, las amenazas y los desafíos, privilegiando la democracia. Que las políticas de seguridad de un Estado, debían girar en torno a la sociedad, al ser humano. Se institucionalizó el modelo de la Seguridad Democrática, que sustituyó oficialmente a la Doctrina de Seguridad Nacional. En la Seguridad Democrática, el ser humano es el bien a defender.

 

La construcción del Sistema Nacional de Seguridad, SNS, tuvo su justificación ante la alarmante escalada de inseguridad, que no ha permitido al Estado cumplir con sus funciones básicas. A ello se agrega la existencia de leyes dispersas, una institucionalidad debilitada y ausencia de profesionales del Estado en materia de Seguridad. Aunque el SNS fue creado y puesto en funcionamiento, dio resultados durante poco tiempo, hasta que fueron desnaturalizadas sus funciones por la resistencia de los militares, la ultraderecha y la oligarquía, que han reeditado la DSN, y eliminado el propósito para el cual fue creado el sistema.

Fotografía de Edson Lozano

La crisis de inseguridad se ha incrementado y se refleja frente a amenazas reales y potenciales, en la cooptación del Estado por el Crimen Organizado, con un narcotráfico fortalecido y varias manifestaciones de la delincuencia común. En una conflictividad político-social permanente, con un sistema de justicia deficiente y sin mayor coordinación con la seguridad. Se plantea el colapso institucional y la improvisación en materia de prevención de desastres naturales y la aplicación de políticas erráticas.

En los tres últimos gobiernos se ha producido un retroceso de la democracia, y el Ejército se ubica de nuevo en la toma de decisiones políticas a nivel del Ejecutivo. Tiene el control de las instituciones de Seguridad del Estado, las civiles y militares; del SNS, del Sistema de Inteligencia; y de la propia Policía. Se ha remilitarizado la Seguridad y todo sigue funcionando como en los tiempos de las dictaduras y gobiernos antidemocráticos, para mantener el control político sobre la sociedad, sus dirigentes, organizaciones sociales; todo para garantizar la ejecución de políticas autoritarias.

Esa situación se había superado desde los Acuerdos de Paz, al definir las funciones de Seguridad Interna y Externa y separar las funciones de Seguridad y Defensa. Se debe tomar en cuenta que estas medidas políticas, formaron parte del fortalecimiento del poder civil, que el Estado autoritario y su institución castrense no terminan de aceptar.