Guatepior comenzó a negociar la compra de vacunas en enero, mientras que otros países más vivos empezaron ese tortuoso periplo desde agosto y septiembre —del año pasado, obviamente—, firmando compromisos con vampirescas farmacéuticas que ni siquiera habían obtenido el permiso para vender las dichosas vacunas.

El ministerio de Salud de esta banana republic, ante la inusitada demanda de vacunas y la demora en ponerse truchas, tuvo que comprarlas en pequeñas cantidades, para garantizarse varios proveedores que cumplieran con el abastecimiento. Terminó firmando —mientras jugaba a la gallina ciega—, un contrato para la compra de 16 millones de dosis Sputnik V (la vacuna rusa), comprometiendo la ficha del erario a una sola farmacéutica que, dicho sea de paso, tiene retrasos de entrega en otros países.

La onda es que el contrato con Human Vaccine (intermediario oficial de la distribución de la vacuna Sputnik V) era un disparate: se daría un anticipo del 50%, pero sin que los rusos se comprometieran a entregarlas en un plazo determinado. Tampoco hay garantía de entrega. Quizás el único beneficio es que la vacuna rusa es, hasta ahora, la que más inmunidad ayuda a crear; o sea, la más eficaz.

“El comprador está absolutamente e irrevocablemente obligado a aceptar y pagar la cantidad comprometida durante el período al precio establecido (…) en el caso que el comprador no pida la cantidad comprometida está obligado a pagar el 100% del monto total comprometido”, pone la cláusula 2.7 del contrato firmado por la ministra matasanos Amelia Flores, del que ella misma se ha mostrado dubitativa respecto a sus beneficios.

Amelia Flores, flamante ministra de Salud.

Human Vaccine no se hace responsable de retrasos o incumplimiento del contrato y garantiza apenas una fianza de 100 mil dolarucos, en caso de inconvenientes.

“Las partes acuerdan que la Convención de las Naciones Unidas sobre Contratos de Compraventa Internacional de Mercaderías no se aplican a este acuerdo (…) Cualquier regla que surja de o en conexión con el contrato, incluyendo cualquier pregunta sobre su existencia, validez o terminación, será referida y finalmente resuelta por arbitraje administrado por el Centro de Arbitraje Internacional de Singapur”. Ah, Singapur, ese país tan lejos de Dios…

En fin, que los rusos se apiaden de nuestra estupidez…

Fotografía de Esbin García