Fotografía de Fernando Chuy

Guatemala es un país en donde confluyen múltiples pueblos/culturas y en ese mar de sincretismos tradicionales, la denominada “quema del diablo” ocupa un lugar preponderante en el imaginario colectivo de toda la nación.

Cada 7 de diciembre desde tiempos difíciles de recordar, la quema del diablo ha sido usada como pretexto para eliminar aquellos objetos inflamables que están en desuso o bien por el estudiantado rebelde como una manifestación de su descontento hacia instituciones educativas.

Por lo anterior y mucho más, el ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (MARN) está promoviendo la “Campaña de responsabilidad ambiental por la quema del diablo”, que busca hacer conciencia en los guatemaltecos sobre el daño que ocasiona quemar la basura, dispositivos electrónicos, plásticos y químicos, ya que estos liberan sustancias tóxicas al aire como las dioxinas y los furanos, dañinas al ambiente y por ende perjudiciales para el ser humano.

Quemar artículos inapropiados hoy, contaminará el aire y suelo. Además, genera gases de efecto invernadero, que son los que provocan el cambio climático. Otro riesgo de la quema irresponsable es la manipulación inadecuada de los fuegos artificiales, ya que pueden causar lesiones físicas como quemaduras, problemas auditivos y daños oculares irreversibles, y en casos extremos, discapacidad.

Los fuegos artificiales, cuando se queman en exceso, por los componentes químicos y los metales pesados que contienen, también dañan el ambiente, ya que se mezclan con el aire y liberan monóxido de carbono, que, junto a las emisiones de los vehículos, industrias, quema de basura y otros gases, dan una sensación de neblina que en realidad es contaminación.

Esta nota fue elaborada gracias al MARN.