La noticia trascendió, como siempre que Guatepior se echa una canción magistral en el inodoro de la cotidianidad. De ahí que cuando uno llega a otro país los buenos cristianos (casi siempre no-evangélicos) le dan un salvoconducto en sus casas y empiezan a tramitarle una solicitud de asilo político, sin que uno lo necesite realmente, sólo porque se enteraron por las noticias que los gloriosos chafas e imitadores hicieron de este país una sede tropicalidosa del infierno… “Es que allá había un señor genocida, ¿verdad?”. Y bueno, pues sí, más allá de lo engañoso que es per se ese término jurídico. Y está bien, porque cuando la gente escucha la palabra “genocidio”, se imagina una gran cantidad de gente asesinada por tropas militares o por equis milicia, aunque esto no baste para encuadrar en la figura legal de “genocidio”. Y más allá de la violencia contrainsurgente, los decrépitos chafas le heredaron al pueblo guatemalteco la cultura de violencia que hoy hace de Guatepior un verdadero infierno en la Tierra.

Al fin de cuentas, qué son las maras, sino el chivo expiatorio del terrorismo estatal. Los vínculos militares con estas organizaciones terroristas son históricos, y uno de los casos más sonados fue el de aquel coronel que resultó siendo un gran marero. Ya se sabía pero hacía falta sacarle foto y pegarla en una noticia. ¿Alguien recuerda haber visto que el Glorioso dijera pío en esa ocasión? Mínimamente se hubieran mostrado consternados o algo… Pero no.

Lo que pasa es que estamos muy acostumbraditos a la impunidad, y a pensar como piensan los cuques, que sólo tienen sangre y violencia en la trompa. Así que cuando ocurre un hecho grandilocuente de ultraviolencia, como el reciente motín de Cantel, la gente quema cuetes diciendo que qué bueno que esos hijos de puta se maten entre ellos. No saben que al bote puede caer cualquiera, y que un porcentaje significativo de la gente que está en la cárcel está ahí de manera preventiva (o sea, siendo todavía inocente hasta que se demuestre lo contrario). La mitad de reos de Cantel están ahí de manera preventiva, precisamente. 

La moraleja del cuento, y lo que toda persona debería saber, es que si en una cárcel, que es un sistema de vigilancia, ocurren masacres de este tipo, imaginen andar por la calle, que es de nadie. Sumamente lógico.

Por eso cada motín es un retroceso para el país, más que algo digno de celebrar. Es la constancia espeluznante de nuestra desprotección inminente. Pero va más allá de eso. ¿Quiénes permiten que estos fenómenos ocurran? Las autoridades, obvio. Y “así queda la respuesta”, dijera el imbécil de Jimmy Morales.

Cuando unos reos tienen toda la libertad de grabar en sus celulares cómo machacan, decapitan, le arrancan el corazón a otros reos en un motín, el gran culpable es el Estado. Que no vengan con cuentos de que la cosa se descontrola con facilidad, y que es una guerra entre maras o una vendetta de narcos (podría ser, pero no sólo). Todo lo que sucede en este país se hace a propósito. Ya que el Ministerio de Defensa y el de Gobernación son dos de los estúpidamente mejor nutridos con el erario, mínimo estas cosas no deberían de pasar ni por asomo. Y he ahí el engaño: el dinero invertido en seguridad, es dinero invertido en inseguridad y represión. Lo primero que debería de hacerse, sería depurar a estas entidades criminales.

Fotografía de Regina Pérez

Curiosamente, el día en que encarcelan arbitrariamente (persiguiéndolo con unas camionetas blindadas sin placas) a Francisco Solórzano Foppa, se fabrica un motín en una cárcel del Estado, para sembrar el miedo y reprimir un posible levantamiento de la indignación ciudadana. Casualmente también, se hace durante el gobierno de Lord Ivermectina, un asiduo defensor de la mano dura, vinculado penalmente en su momento (mientras era director de Presidios) con los asesinatos extrajudiciales del caso “Pavo real”. Las maras son a Lord Ivermectina, lo que las espinacas a Popeye. Vaya, una justificación más para que haga sus tarugadas. ¡Bendito sea el chivo expiatorio de las maras! 

Foppa fue un incorruptible superintendente de la administración tributaria, y el único que ha hecho pagar impuestos a acaudalados evasores, verdaderos criminales inescrupulosos de cuello blanco. De ahí que en son de venganza lo metieran preso con un montaje seudo legal… hasta que se demuestre lo contrario en una parsimoniosa y extenuante investigación. 

Este país se va cada vez más a la mierda, y los responsables son los mismos de siempre: la derecha guatemalteca enquistada en el Estado desde 1954.