Bajo el agua corre la más grave crisis económica que nuestro país ha sufrido desde la gran depresión de los años 20 del siglo pasado. Y se nos ha querido esconder detrás de la propaganda de la “recuperación” después de la pandemia y de que Guatemala es el país que menos sufrió económicamente durante dicho período. Se hace gala de un supuesto crecimiento de hasta 4.5%, pero no nos dicen sobre qué datos base. Analicemos…

Nuestro país se jacta de que en comparación con el mundo entero “apenas” se redujo nuestro PIB en 1.5%. ¿Alguien se pregunta cómo se logró? Muy simple, las grandes industrias nunca cerraron, la salud de los trabajadores fue algo sin importancia, las maquilas, los ingenios, los bananeros, etc. siguieron trabajando como si nada y las exportaciones de dichos productos ¡hasta crecieron! Entonces, si la venta de estos productos aumento ¿De dónde viene el bajón de 1.5%? Pues muy simple, de la economía real de los guatemaltecos.

Entonces sobre la base de datos reducidos por ese 1.5%, ahora vendrá un crecimiento del 4.5%, es decir, si comparamos el año 2019 con el 2021 el crecimiento total en 2 años será de 3%; lo que equivale a un crecimiento interanual de apenas 1.5% durante los dos años. Este ritmo de crecimiento no solo es menos que el crecimiento poblacional, sino que está concentrado en 8 industrias. ¿Y por qué esas 8 industrias están creciendo?

Hay que regresar al “gran paro” como se le conoce el periodo entre abril y julio del año pasado, cuando la economía mundial básicamente se detuvo, con consecuencias tan perversas que el petróleo alcanzo un precio negativo, es decir, le regalaban el petróleo con tal de que usted lo almacenara. El comercio internacional tuvo una seria disminución y el resultado fue puertos con miles de barcos sin poder descargar. ¿Y esto en que afecta?

Esta cadena de barcos sin descargar trajo como consecuencia que no había ni barcos vacíos ni contenedores vacíos para cargar mercadería nueva, lo que se tradujo en una interrupción de la cadena de suministros, creando así la escasez mundial de productos que estamos viviendo, desde la madera para construcción en EE.UU., la que se cuadruplicó de precio hasta el shampoo en los supermercados locales. Esta disrupción en la cadena de suministros benefició a Guatemala en la mayoría de casos, por ejemplo, la cadena Starbucks está sufriendo escasez de café y el resultado ha sido la enorme alza en el precio de este producto de exportación esencial para nuestra economía, precio que se duplicó. Lo mismo sucedió con el azúcar, el aceite de palma, el banano y el cardamomo. ¡Qué bien deberíamos de decir!

Sin embargo, este no es el caso. Dichas industrias no “gotean” el beneficio, al contrario, lo acaparan y el trabajador sigue ganando míseros salarios, y lo que pinta ahora con la ley del trabajo parcial en vigencia, que lo que viene son reducciones del ingreso real del guatemalteco. La nueva ley no contempla vacaciones que significan un 4% del costo anual de la planilla ni tampoco indemnización, ya que al no cumplir los días totales mínimos requeridos por el Código de Trabajo, pues simplemente el trabajador no tendrá derecho, lo que resulta en un ahorro adicional del 8% del costo de planilla. Ni qué decir de los periodos pre y post natales ni del periodo de lactancia. En resumen, un ahorro del 12% para la planilla de las empresas y un empobrecimiento del 12% para las ya precarias finanzas de los trabajadores.

Ni qué decir de la industria del turismo y de la hostelería. Con la perspectiva que los viajes al extranjero no se recuperaran en menos de 4 años y con la perversa ley seca y antojadizos cambios de horario que las restricciones imponen un gigantesco sector de la economía está paralizada, lo que además paraliza la cadena de suministros, desde menos cerveza vendida hasta la crisis que sufren los pequeños comerciantes de los mercados que surten de diversos insumos a esta industria. Más de 400 mil empleos desaparecieron, basta ver los cotizantes al IGSS, se redujeron 110 mil plazas que cotizan al seguro social y el 22% de las empresas dejó de pagar las cuotas.

La conclusión es que el 99% de los guatemaltecos ha visto reducido o borrado del mapa sus ingresos. ¡Qué crecimiento económico ni qué carajo!

 

Fotografía de Danilo de Jesús Ramírez