En el artículo anterior compartí la situación que viven las mujeres cuando participan en los procesos electorales para cargos de elección popular, porque como decía, pareciera que la participación en partido político y en puestos de toma de decisiones sea una actividad reservada sólo para hombres.

Para las elecciones generales de 2015 se alcanzó una histórica mayoría de mujeres en el padrón electoral: un 54% de electoras. En tres décadas la cifra de electoras se ha triplicado, dando cuenta de una lenta pero paulatina formalización de la ciudadanía femenina. Sin embargo, el sistema electoral vigente -establece la elección directa por medio de listas cerradas y bloqueadas, sin cuota reservada para las mujeres ni mandato de posición-.  Esta es la primera explicación por la que habiendo más mujeres en el padrón electoral pocas, ganan puestos de elección popular y es que las candidaturas femeninas quedan sujetas a la voluntad de los partidos políticos para nominarlas. Por tanto, explicar cómo las mujeres alcanzan tan bajos niveles de elección, supone analizar en qué porcentaje y lugar son incorporadas a las listas o planillas. En qué porcentaje, en relación con el total de candidaturas en listas plurinominales; y en qué lugar, en relación a la posición en dichas listas. La ausencia de cuotas y mandato de posición deja vía libre para que los partidos políticos ubiquen a sus candidatos varones al principio de las listas, y a las mujeres al final, sin oportunidades reales de elegibilidad.

En la esfera pública ocurre una situación que se torna un círculo vicioso, al haber pocas mujeres en el Congreso la representación femenina en los cargos por designación, también es bastante baja. Estas designaciones suelen ser influidas en gran medida por el nivel de incidencia y poder alcanzado por el conjunto de representantes electos, y por supuesto, por la apertura o no del poder predominante, que en el caso de Guatemala sigue teniendo rostro masculino. En tanto menos son las mujeres electas, menor es la capacidad de lobby político de estas para favorecer la designación de otras mujeres en los altos cargos.

Esto se demuestra con la composición del gabinete del actual gobierno; sólo una mujer ocupa un ministerio: Claudia Ruiz Casasola ministra de Educación. Han pasado dos mujeres más que son: Lidiette Silvana Martínez ministra de Cultura y Deportes hasta septiembre 2020 y Amelia Flores González ministra de Salud de junio 2020 a septiembre 2021, de allí sólo hombres ocupan los puestos designados por el presidente.

Las organizaciones de mujeres han establecido desde hace más de 20 años diversos movimientos para promover la participación política de las mujeres y las mujeres indígenas, Más Mujeres Mejor Política, Grupo 212, y el reciente movimiento “tu votas mí, yo voto por ti,” ha permitido colocar en la agenda pública la propuesta del artículo 212 de la Ley Electoral y de Partidos Políticos, que fomenten en el largo plazo la igualdad plena en la participación política de las mujeres.

Sólo conociendo cómo funciona el sistema electoral, podemos tener mejores argumentos para defender o para promover cambios radicales que lleven a fortalecer nuestra democracia.