FOTOGRAFÍA DE MOISÉS CASTILLO

En la anterior columna compartí sobre lo que durante este año se estará viendo, respecto al interés de los políticos para buscar el poder destapando y desempolvando la herramienta que durante dos años está abandonada, me refiero al partido político.

Me parece muy acertado el concepto del politólogo español Manuel Alcántara Sáez, que denomina a estos partidos como “maquinas electorales”– partidos con estructuras débiles, orientados hacia las elecciones y que basan su política de financiación en las actividades individuales de sus candidatos–. Para este analista, una de las razones por las cuales no existen partidos con organizaciones fuertes en Latinoamérica es la inestabilidad de las reglas democráticas en la región. Dada la inestabilidad política y el frecuente surgimiento de regímenes autoritarios, los partidos políticos no fueron capaces de mantenerse en el tiempo y consolidar su organización. Asimismo, observa algunos cambios institucionales como los procesos de descentralización, los cambios en las leyes electorales y el surgimiento del presidencialismo no reelectivo, como elementos que pudieron tener un efecto en la capacidad de los partidos políticos para crear organizaciones sólidas. Alcántara Sáenz, M. (2004). Instituciones o máquinas electorales: origen, programa y organización de los políticos latinoamericanos.

Nosotros estamos acostumbrados a escuchar y encontrarnos con las agitaciones políticas únicamente en los procesos electorales y es porque los dueños de los partidos están haciendo cualquier esfuerzo por conseguir votantes, esto es porque estas organizaciones no tienen militantes. Los militantes políticos tienen como principal característica una identidad ideológica. Tener identidad ideológica significa que la persona se identifica con la idea de sociedad, la idea de Estado que promueve el partido y forma el partido político por lo tanto le mueve ese concepto de sociedad, lucha, enarbola su bandera por su convicción y procura convencer a otros.

Los partidos políticos guatemaltecos están muy alejados de tener militantes porque no tienen ideología política. Steven Levitsky y Flavia Freidenberg en su publicación “Organización informal de los partidos en América Latina” (2007) se enfocan en varios aspectos para medir el grado de formalidad de una organización partidaria. Entre estos están las reglas y procedimientos internos; la formalidad en el proceso de toma de decisiones; una burocracia partidaria permanente; el despliegue territorial de la organización local; la jerarquía dentro del partido; la permanencia de la membresía del partido; los vínculos con otras organizaciones; y las fuentes de financiamiento. Ellos encuentran que, en Latinoamérica, la organización de muchos partidos no opera en sus oficinas, sino más bien en los hogares de los militantes o en otras sedes; los partidos no emplean personal de tiempo completo. La manera de ascender en el partido no sigue las reglas escritas. La membresía no es de carácter permanente y los miembros no están comprometidos con el partido. Los partidos carecen de relaciones formales establecidas con organizaciones sociales como sindicatos o movimientos sociales, asociaciones de negocios, u otras.

Fotografía de Moisés Castillo

Esto nos hace comprender que en toda América Latina impera la distorsión del verdadero objetivo y formalidad de los partidos políticos.  Usted se considera ¿votante o militante político?