En los últimos tres meses ha aumentado nueve veces el tránsito de los truchitas en el vecino país, según datos de Unicef. Masinembargamente, la Cancillería de esta republiqueta neobananera, dice que no hagamos iris, que todo está “normal”.

Un pequeño apocalipsis ven venir las autoridades mexicanas, que ya no saben qué jitomates hacer con tanto hermanito centroamericano que cae en sus cárceles. Hay un hacinamiento de la gran diabla, dicen las organizaciones promigrantes y de derechos humanos mexicas, ante el escandaloso aumento de detenciones de migrantes en ese país. 

El Instituto Nacional de Migración de México (INM) dio a conocer un incremento del 18 por ciento en la cantidad migrantes detenidos en los primeros tres meses de este año, en comparación con el mismo periodo del 2020.

El mes pasado, la organización Movimiento Migrante Centroamericano difundió un video que muestra los vejámenes a los que están sujetos los migrantes hacinados en la cárcel provisional conocida como La Mosca, sita en el municipio de Chiapa de Corzo del estado de Chiapas. En el video se muestra un conato de amotinamiento por parte de unos 300 migrantes desesperados por las condiciones infrahumanas que sufren en su viaje hacia la jaula de oro. Todo esto, recordemos, en época de pandemia. Algunos activistas por los derechos de los migrantes indican que la misma situación se vive en otros centros de detención de migrantes del sureste mexica.

Se está volviendo una “crisis humanitaria”, dice Karla Baso, quien pertenece a la Red Migrante Guatemalteca, indicando que se está deteniendo a un promedio de 150 a 200 mojarras al día… Por supuesto, los más afectados en todo estos son los hijos de estos truchitas, que no por ser niños reciben un trato humano en los centros de detención.

Es una mala época para migrar hacia la jaula de oro…