Albertico Pimentel, ministro de Energía y Minas, dijo que le llamaba poderosamente la atención la contaminación provocada por las ranflas vetarras. Por ejemplo, el 90% de los “buses escolares” perteneció en sus años mozos al transporte público del imperio estadounidense, cuatro o cinco décadas atrás. Esta chatarra provoca un titipuchal de contaminación, pero aún así anda por las calles como Pedro por su casa. Tal es la preocupación del ministro, que dice estar por aprobar la Política Nacional de Eficiencia Energética y se plantea una cosa llamada Plan Nacional de Movilidad Eléctrica, que al parecer convertirá a Guatemala en un paraíso en la Tierra…

Pimentel ha señalado que si Dios es grande y bendice su plan de prosperidad para esta república bananera, dejaremos de ser un basurero de países desarrollados.

Para avanzar en el Plan Nacional hemos creado un grupo técnico interinstitucional donde participan no solo el ministerio de Energía y Minas, quien lo dirige, también el ministerio de Ambiente y Recursos Naturales, la SAT y el ministerio de Comunicaciones Infraestructura y Vivienda, además de algunos representantes del sector privado.

Esto es importante porque también tenemos que establecer reglas, por medio de la regulación y la legislación evitar que vehículos muy antiguos, con desperfectos, o que ya hayan agotado su vida útil, vengan a nuestro país. Eso lo hacemos en conjunto por razones obviamente que tiene que ver con comunicaciones o transporte de personas y de mercancías, pero también con razones ambientales.

Durante el panel foro sobre la movilidad sostenible como aliado para la descarbonización en Centroamérica y el Caribe, Pimentel, dijo que de los 4 millones de ranflas en circulación, sólo 250 son eléctricas, y que estas emiten 10 millones de toneladas de CO2 al año.

Expertos en ranflas dicen que la media de kilómetros recorridos al año es de aproximadamente 24 mil, por lo que estiman que una nave moderna puede durar 13 o 14 años con su dueño dependiendo la frecuencia de uso y mantenimiento.