SIN TAPUJOS 

Fotografía de Engler García

Leyendo un artículo de mi estimada amiga y colega columnista Silvia Tejeda, “Trámites que matan”, me movió a escribir también sobre ese tema, que desde hace ratos quería redactar sobre los trámites engorrosos que se realizan tanto en el sector público como en el privado, tal como dice el encabezado del artículo, trámites burrocráticos, porque en realidad son un calvario, no hay criterios claros, y pareciera que lo hacen con hecho pensado para que uno no pueda arreglar absolutamente nada.

Se es muy dado en criticar los trámites espinosos que hay que hacer en el sector público, y casi nada se habla del sector privado, y creo que ambos andan por las mismas circunstancias.

Ahora que nos encontramos con el COVID-19 que va en alzada, se supone que a los que tenemos más de sesenta años se nos debiera dar un trato preferencial y con cierta consideración, porque si se nos impide el ingreso a algunos lugares, es lógico que al menos se nos atienda como personas y no como cualquier alimaña.

Por razones obvias he tenido que hacer algunos trámites de cierta urgencia que resolver. En dos instituciones privadas que hacen mucho alarde de lo que son y hacen, pero la realidad es otra y me refiero concretamente a dos instituciones bancarias: Banco de los Trabajadores y Banrural, y los señalo Sin Tapujos, porque ya es hora de desenmascarar a todas esas instituciones que quieren aparentar una cosa y son otra.

Como indicaba anteriormente, no puedo asistir a ningún establecimiento y cualquier gestión la tengo que efectuar a través del celular o la computadora, y desafortunadamente no se encuentra el apoyo necesario para la realización del asunto que uno tramita, porque las comunicaciones se han vuelto tan impersonales que al realizar una llamada telefónica o enviar un mensaje por correo electrónico, quien responde es una máquina en donde no se puede dar una explicación del porqué de su trámite y al final de cuentas no se arregla nada.

Pero eso sí, vemos en los diferentes medios de comunicación social, que nos atiborran con anuncios donde se pintan como grandes instituciones que ayudan a medio mundo, y cuando los necesitamos no funcionan así.

Ahora por el lado del sector público, me platicaron dos personas que tienen mucha necesidad de la “ayuda” que ofreció el gobierno, -por supuesto que con nuestro dinero-, hicieron los trámites correspondientes porque en el recibo de la luz les llegó el mensaje que habían salido beneficiados -bono de familia-, pero fue un alegrón de burro, porque nunca les llegó a pesar de haber cumplido con los requerimientos necesarios, al final de cuentas les llega un mensaje, que dice que no es beneficiario, porque está dentro de los casos excluidos. Estas dos personas son jubiladas del Estado, pero con una jubilación muy baja, porque los jubilados nunca se han beneficiado con aumento a su pensión, pues a las autoridades no les interesa, pero eso sí, cuando se aproximan las elecciones les prometen que los van a favorecer, y todo se queda en puros ofrecimientos.

Volviendo al tema del bono de familia, en cambio otras personas que no tienen mayor necesidad porque cuentan con otros ingresos, pero el Ministerio de Desarrollo Social (MIDES), -que por cierto no sirve para nada-, no tienen la voluntad de escudriñar y ver si a esas personas se les puede o no dar la ayuda.

Recientemente vi en una entrevista al ministro del MIDES, con aires de prepotencia y contradicciones, diciendo que a los jubilados se les va a ayudar, a los que tienen una pensión de menos de Q2 mil, pero por otro lado dijo que los fondos se están agotando. ¿será que nos van a salir con la sorpresa de otro préstamo? Según tengo entendido que a los jubilados que tenían una pensión menor que el salario mínimo, se les niveló. ¿entonces?

Tristemente todo se mueve con una parsimonia increíble, con mentiras y engaños, y así son los trámites burrocráticos en ambos sectores.