China, Taiwán y la cumbre de los “3 amigos”

Recientemente fuimos testigos de un acontecimiento sin precedentes en casi medio siglo, desde la visita del presidente Nixon a China en los años 70 para negociar con Mao Zedong el “descongelamiento” de las relaciones entre los dos gigantes. La videoconferencia entre el presidente Biden y el máximo líder chino Xi Jing Pin, que duró un récord de 4 horas. Esta no fue una plática de cortesía ni de diplomacia, los eventos han orillado a ambas potencias al borde de la guerra. Una guerra que no será militar en principio, sino que ya de hecho es económica y social, la cual pronto escalará a una guerra cibernética, dejando únicamente como opción final la escalada militar.

Tan es así, que a los 3 días de esta conferencia se convocó a la cumbre de los “3 amigos”, los líderes de América del Norte, Justin Trudeau de Canadá, Manuel López Obrador de México y Joseph Biden de los EE. UU., el tema central siendo la creación de un bloque comercial capaz de hacerle contrapeso a China, y eso que el tratado T-MEC ya existe. Sin embargo, se hizo público que tanto Canadá como México expresaron reservas acerca del plan, ya que ambos países dependen en gran medida de la manufactura de componentes para la industria automotriz estadounidense, la cual ahora el gobierno demócrata pretende sustituir por automóviles eléctricos, dejando a la deriva a sus socios comerciales. Asimismo, la matriz energética de México presenta graves discrepancias para este plan, otro de los temas de dicha conferencia.

Todo este movimiento súbito originado por la persistente intención de China de anexar a Taiwán, considerada por ellos una provincia “renegada” del gigante asiático y no una república independiente. Debemos remontarnos a 1949 con el fin de la guerra civil en este país para entender el tratado entre Mao y Chiang Kai Shek, el líder militar de la resistencia que finalmente se vio obligado a huir a la isla de Taiwán y fundar dicha república como independiente. Ese tratado de armisticio incluye la frase acordada por ambas partes, que China es “una y unitaria”, sin duda firmada bajo la convicción de ambos líderes de reconquistar la parte perdida por cada uno.

Sin embargo, Taiwán tiene como ejemplo el caso de Hong Kong, que logró mantener su independencia financiera y política por 20 años desde que fue anexada a China y de nuevo en forma repentina los chinos tomaron el control de dicha provincia, provocando un cambio sustancial en la forma de vida a que estaban acostumbrados en Hong Kong. Hoy es Taiwán que está bajo asedio de integrarse a China, por las buenas o por las malas.

 

Y a todo esto, ¿Qué representan para Guatemala dichos eventos?

Empezando por el reconocimiento diplomático de nuestro país para Taiwán significa el 50% de la población mundial que reconoce a dicho país como independiente. Los otros son también países centroamericanos como Honduras y El Salvador, además de una docena de islas en el pacifico del sur que son básicamente deshabitadas. En caso de un conflicto, Guatemala a instancias de la presión política de los EE. UU. mantendrá su apoyo a Taiwán, poniéndose del lado de los enemigos de China.

El canciller Pedro Brolo durante su visita a Rusia hace algunos meses para pedir explicaciones por el retraso de las vacunas Sputnik.

 

¿Nos conviene esta situación?

Asimismo, la creación del pretendido bloque comercial de contrapeso liderado por Biden, abre grandes oportunidades para nuestro país. El corredor interoceánico de Guatemala, el traslado de la manufactura liviana de China a Centroamérica, la exportación de energías renovables, serían los principales beneficiados, creando así, una ola de inversión local por parte de capital norteamericano. Pero nos debemos preguntar ¿estamos haciendo las cosas políticamente correctas para lograrlo? La respuesta es UN CONTUNDENTE NO. El constante desprecio a las “sugerencias” del imperio con respecto a los pasos democráticos a seguir, ha culminado con la exclusión de Guatemala de la “Cumbre de la Democracia”.

¿Qué consecuencias traerá dicha exclusión?

Inicialmente, que nuestro país será excluido de los beneficios de la creación del bloque de contrapeso, y acto seguido, si se continúa con el coqueteo a las potencias ya consideradas “sospechosas” por el imperio, pues vendrán las sanciones, empezando por el “cerco financiero”, tipo el sufrido actualmente por Irán y con similares consecuencias o aún peores, debido a la sobre dependencia de nuestro país para con las remesas.

Esperemos que nuestros líderes tengan suficiente buen consejo como para evaluar los nubarrones que se pintan en el horizonte y en lugar de solo sacar el paraguas, que preparen las cubetas para recolectar el agua, a todo evento debe sacársele provecho y en especial en favor de las mayorías que están sufriendo la pobreza crónica y los efectos económicos de la pandemia.