Fotografía de Esteban Biba

Según analistas contemporáneos, ya no existe la izquierda ni la derecha, y la política avanza dentro de ideologías que no buscan el enfrentamiento entre ellas, sino su convergencia. La realidad es otra, porque vivimos en un mundo globalizado, pretendiendo creer que fue el fin de las ideologías, porque cayó el Muro de Berlín y dejó de existir el Campo Socialista. Pero la Lucha de Clases no terminó por decreto, por el contrario, la brecha entre ricos y pobres es más amplia. Cuando alguien dice que no es de izquierda ni derecha, es que no es nada; vive solo su vida, muchas veces fanatizado por la religión, sin tener interés por el bienestar de la sociedad.

La ideología de la clase dominante se mantiene vigente sin oposición, y su máxima expresión es la propia Constitución, la cual es su voluntad convertida en ley. Que más ideología que esa. Existe el Estado creado por la oligarquía, la cual impone su política, mantienen vigente su institucionalidad de dominación, e impone su sistema político. Este se manifiesta actualmente dentro de la teoría neoliberal, que pretende reducir las funciones del Estado, negando los derechos de las grandes mayorías sin poder alcanzar bienestar y desarrollo. Los gobiernos surgidos de la Revolución de octubre de 1944, representaban las aspiraciones de las clases empobrecidas de siempre, pero afectó los intereses económicos de los ricos y del imperialismo, razón por las que fueron depuestos por la fuerza.

Las mayorías no tienen representantes en la política, porque domina el sistema creado por el poder económico. De esa cuenta, por más que participen los partidos de izquierda en las elecciones, no tienen ninguna oportunidad, porque se produce con las mismas reglas del juego de la derecha. Aunque se logre una alianza electoral con todos los grupos de izquierda, lo cual sería positivo, cada uno pretende ser el que la dirija. Además, esta alianza no representa las genuinas aspiraciones de la población. Puede más el regalo de láminas, camisetas y gorras; que la izquierda no tiene, que la posibilidad de lograr convencer al electorado.

Todo proyecto de izquierda, debe estar  basado en un intenso trabajo político de años dentro de la población, no producto de una alianza electorera. En este caso, los partidos de izquierda se deben fundir con los movimientos sociales de la población más necesitada, que representan sus verdaderas reivindicaciones. Se necesita que las izquierdas hagan suyas las reivindicaciones más sentidas del pueblo, encabezando esas luchas. Esa es la lección aprendida en los actuales triunfos de las izquierdas de América Latina. Se debe trabajar no solo por ganar las elecciones, sino por crear un proyecto político de largo aliento, que llegue a producir las transformaciones que la sociedad necesita. Porque en la actualidad, las desigualdades sociales, se han crecentado.

La izquierda no se puede divorciar, de la razón de ser de su propia lucha. Estarían entonces considerando que los cambios no son posibles y esto no es cierto. Esto porque las teorías revolucionarias están más vigentes que nunca. Aquí se debe establecer una diferencia entre lo que se considera izquierda y lo que es revolucionario. Algunas izquierdas han renunciado a estos preceptos, y se han convertido en apéndices del panorama electorero. Los revolucionarios no pueden abandonar la lucha por erradicar la pobreza. Como lo dijo una vez Frei Beto: “Se está del lado de los pobres por cuestión de justicia”. Lo que significa, no negociar jamás con los derechos de los pobres.

Fotografía de Esteban Biba

A los actuales revolucionarios no les espera solo luchar por los pobres, sino también transformar el Estado, estar contra la Corrupción, contra el Crimen Organizado, contra las nuevas amenazas como la Narcoactividad, contra la delincuencia y las causas que la originan, por la tolerancia que genera el propio sistema imperante.  Guatemala casi siempre ha estado gobernada por las derechas, que han reprimido al pueblo guatemalteco en aras de sus intereses económicos. Impusieron por la fuerza sistemas Autoritarios y Dictaduras, tal como se trataba a los jornaleros en sus fincas, con látigo en mano. Se pretende ahora, amnistiar los crímenes cometidos por sus fuerzas represivas durante la guerra, y borrar con una ley el Genocidio y los Crímenes de Lesa Humanidad, pero se comete un gran error político: el Estado no se puede amnistiar así mismo.

La derecha impone sus intereses económicos. La izquierda actúa por principios, y esos principios son el bien común, los derechos ciudadanos, las aspiraciones de la sociedad por vivir una vida digna, por promover los cambios estructurales que las clases dominantes les han negado a los guatemaltecos.