FOTOGRAFÍA DE FERNANDO CHUY

La tragedia de los jóvenes que no encuentran apoyo para su superación y peor aún, ya no lo quieren, víctimas del sistema que se cruza de brazos y se hace de la vista gorda condenándolos a la delincuencia o la migración.

El calificativo de “Nini”, la peor tragedia para nuestra juventud, 3 de cada 10 ni trabajan ni estudian en el país, evidenciando la doble exclusión que existe, excluidos del sistema laboral y excluidos del sistema educativo. ¡Qué ironía! Nuestro sistema constitucional está diseñado precisamente para protegerlos…

9 de cada 10 jóvenes de 13 a 30 años no tiene acceso a ningún servicio de salud público o privado. ¿y el seguro escolar entonces? Y las escasas veces que sí se logra utilizar es ¡por teléfono! Pero no nos alborotemos, no es tan malo si consideramos que en el mismo grupo la escolaridad apenas alcanza los 6 años, haciendo de nuestro país uno de los de más baja escolaridad en el mundo, al mismo nivel que los países menos afortunados de África, eso sí, el magnífico sindicato de maestros obtiene aumento salarial año con año, a pesar que llevan 2 años resistiéndose a abrir las escuelas y el ciclo escolar del 2022 aún está en la cola de un venado.

 

¿Acumularemos 3 años perdidos?

Con 1 de cada 2 niños sufriendo de desnutrición crónica ¿Cómo podemos esperar  superación mental? Al negarle nuestro sistema a la mitad de la niñez el derecho a nutrirse correctamente para lograr su desarrollo físico y mental, lo que estamos haciendo es forjando una próxima generación de descerebrados y haraganes. Y no es la culpa ni el deseo de los niños, simplemente es que el sistema económico que impera en nuestro país de facto les prohíbe a los padres proveer de alimentación y nutrientes adecuados a sus hijos. Mano de obra barata, semi esclava para trabajar los campos de los agroexportadores y maquileros, así ¿Quién necesita gente educada?

Fotografía de Fernando Chuy

¿Cuál es la dieta real de las clases más necesitadas? Se solía decir que tortilla con sal en son de burla. Y llegamos al punto que ojalá y esa fuera la dieta, la tortilla por lo menos contiene una base sólida de nutrientes. Pero no, la dieta real se convirtió en una soda y una bolsita de tortrix o papalinas, todo por la mitad de precio que la tortilla y si llena la panza. ¿Pero de qué? Azúcar y aceite vegetal, pura basura sin ningún nutriente. Y como consecuencia nuestro país tiene el cociente intelectual más bajo del mundo, 47, comparado con las potencias asiáticas que promedian 106, además de ser cada día los más chaparros del mundo, la enanización de la sociedad. En lugar de que cada nueva generación tenga más altura que la predecesora, nuestro país como el eterno cangrejo va para atrás, mas chaparros cada día, clara muestra del subdesarrollo y desnutrición de nuestra niñez.

Es evidente la crisis en que se encuentra nuestro sistema educativo luego de 25 años que los acuerdos de paz señalaron la necesidad de la reforma educativa y 10 años de una embotellada reforma a la formación inicial docente. No hay forma de que la educación ni los servicios que deberían de proveerse alrededor de esta mejoren.

Hace unos días salió a luz las pretensiones del sindicato de maestros, documento que revela las ambiciones de un liderazgo sindical irresponsable y al que evidentemente no le importa ni la educación ni la salud de los niños bajo su tutela. Un sistema totalmente divorciado de todo aspecto de aprendizaje en el aula y la meritocracia en la docencia. ¿Dónde está el piloto? Esa debería ser la pregunta que los padres de familia deberían enfatizar. Sin una guía adecuada no importa que esfuerzo se haga en casa, si al llegar a la escuela lo que los ojos y oídos de un niño ven es la desesperanza y la apatía transmitida por los propios maestros y las condiciones físicas de su escuela, que, además, no proveen ni de alimento a pesar de los programas de “refacción escolar” ni de servicios de salud, teóricamente incluidos dentro del “seguro escolar”.

Hay algo totalmente fallido en el sistema. La formación de nuestra juventud cayó en el abismo. ¡Y eso que estamos hablando del desarrollo de todo un país! A pesar de que la absoluta mayoría no logra superar las pruebas técnicas para optar a un título de educación media, pues resulta que graduamos alrededor de 150 mil jóvenes por año. Sin embargo, vemos que estos recién graduados no logran obtener empleo formal y digno. En parte es porque nuestro sistema económico no genera dicha cantidad de plazas, sin embargo, la mayor decepción es ver que simplemente los jóvenes no reúnen las competencias mínimas para optar a un empleo.

Resultado obvio: Migrar o permanecer en el subempleo informal.