Un grupo de diputados presentó ante el Congreso, una iniciativa de ley, supuestamente para consolidar la paz. Su principal objetivo consiste en amnistiar a militares que están siendo enjuiciados y otros que ya están condenados, para que se anulen acusaciones y sentencias por crímenes cometidos durante el Conflicto Armado, muchas veces contra la población indefensa.  Es la segunda iniciativa parecida. La primera fue presentada durante a legislación pasada por el diputado Fernando Linares Beltranena, que también pretendía amnistiar a criminales de guerra. Pero se debe indicar a los diputados ponentes, que los crímenes de Lesa Humanidad no prescriben en el Derecho Internacional. ¿Y si las víctimas no cuentan, dónde está entonces la justicia?

Fotografía de Daniel Chauche

En la justificación de motivos de la ponencia y antecedentes, se narran toda una serie de argumentos anticomunistas utilizados en 1954 por la norteamericana Agencia Central de Inteligencia, CIA, y la “liberación” comandada por Castillo Armas. También se mantienen los argumentos neofascistas de la ultraderecha pentecostal fanatizada, que desde el Estado dirigió al ejército durante el Conflicto Armado. Son argumentos cargados de acusaciones falsas contra los gobiernos revolucionarios de Arévalo y Árbenz; como promotores del comunismo ateo internacional, que intentaban destruir la fe y religión de los guatemaltecos. Que más destrucción de las ideas sanas de los guatemaltecos, que la ideología fundamentalista fanatizada, introducida por Ríos Montt durante la guerra.

Apelar a esos argumentos cargados de veneno ideológico, en pleno Siglo XXI, no tendría razón de ser, pero se debe indicar que seguimos gobernados por los mismos grupos económicos, conservadores, atrasados y fanatizados, que depusieron a Árbenz y le negaron a Guatemala, la posibilidad de modernizar el país, al pretender sacarlo del régimen semifeudal y avanzar hacia el sistema capitalista, que aún no se logra consolidar.

Nebaj, 1983. Fotografía de Jean-Marie Simon

Esos argumentos y mentiras, con las que se pretende justificar una ley a todas luces perversa y dictatorial, fueron aclarados hace 15 años por sus creadores.  En Washington, durante dos días de mayo del 2007, el Departamento de Estado, montó una serie de conferencias donde se presentaron 287 volúmenes de documentos de inteligencia desclasificados. En estos, la CIA, reconoció oficialmente haber planificado, organizado, financiado y dirigido el derrocamiento del presidente Jacobo Árbenz, así como haber montado en su contra, la campaña mediática y de desinformación a nivel continental.

El Golpe de Estado fue planificado desde 1950 cuando Árbenz fue electo presidente, y bastante antes de que el mandatario aprobara la Reforma Agraria, que muchos creen que fue el motivo de su derrota. Se reconoció también que el régimen revolucionario, nunca fue una amenaza real para la “seguridad” de los Estados Unidos, como se hizo creer entonces, en toda América Latina. En esas conferencias, aceptaron la existencia de “manuales de asesinatos” que se distribuyeron a los agentes de la CIA destacados en Guatemala. Estos fueron utilizados por instructores norteamericanos, capacitando a los esbirros locales en las técnicas de tortura, asesinato y desaparición forzada, con las que se reprimió inicialmente a la disidencia al régimen liberacionista impuesto por la fuerza, y después para asesinar a la población durante el Conflicto Armado.

Fotografía de Jean-Marie Simon

La invasión mercenaria de la “liberación”, además de eliminar las conquistas de la revolución, canceló las instituciones que impulsaron las políticas, programas y proyectos que beneficiaron al pueblo. La tierra se les arrebató de nuevo a los campesinos beneficiados por la Reforma Agraria, y en la mayoría de casos, se utilizó la fuerza, incluyendo el asesinato de sus dirigentes. Los norteamericanos impusieron la estrategia de la Doctrina de la Seguridad Nacional, DSN, y la Contrainsurgencia, además, impusieron los sucesivos regímenes militares y sus dictaduras. La resistencia organizada, surge como respuesta del pueblo de Guatemala, a la represión del gobierno “liberacionista” y a las dictaduras.

Actualmente, los gobiernos autoritarios se encuentran dándole continuidad a regímenes dictatoriales, cargados de corrupción, así reconocidos internacionalmente. Guatemala se encuentra cada vez más aislada de las transformaciones que se producen en América Latina, donde fuerzas progresistas y democráticas, han asumido los gobiernos, para realizar los cambios necesarios que se les negó por siempre a sus propios pueblos.

Fotografía de Ulf Aneer