La mala administración del presidente Giammanetti ha elevado el descontento de la mayoría de la población, podemos verlo reflejado masivamente en las redes sociales, algo que no se expresa en concreto de ninguna otra manera, lo que da paso a la incertidumbre por la fama de falsificar la verdad en las redes, a sabiendas que la apariencia de verdad es más importante que la propia verdad, creando propaganda, desinformación y distracción masiva, por eso escuchamos al presidente diciendo que son solo 150 personas las que están inconformes con su gestión, refiriéndose a los valientes que llegan a las plazas, aunque sepamos que no es así, esta era de sedentarismo moderno nos mantiene con la satisfacción de que protestamos de manera efectiva solo por crear un post, dar un like o poner un comentario y que con esa gran acción apoyamos el cambio que nuestro país necesita cuando la realidad es que fortalecemos la incertidumbre y cedemos la responsabilidad a unos cuantos.

Se necesita pasar de la inacción conformista a la acción decidida, dar un paso más; las consecuencias nefastas de la cooptación del Estado por parte del pacto de corruptos nos alcanzarán y sepultarán a todos sin consideraciones, por eso es urgente sumarse a las protestas concretas, fortalecer la resistencia, que es a lo que realmente teme Giammanetti y sus secuaces, por eso la amenaza de la represión.

A propósito de la resistencia, un texto escrito por el filósofo Michel Foucault para las primeras “Audiencias de la defensa libre”, en La Sainte Baume, Francia, en 1980.

1 – En primer lugar, evitemos el problema trillado del reformismo y el antirreformismo. No tenemos que hacernos cargo de instituciones que necesitan ser transformadas. Tenemos que defendernos para que las instituciones se vean obligadas a reformarse. Por lo tanto, la iniciativa debe venir de nosotros, no en forma de programa sino en forma de cuestionamiento y en forma de acción.

2 – No es porque haya leyes, no es porque tenga derechos, que tengo derecho a defenderme; es en la medida en que me defiendo que mis derechos existen y que la ley me respeta. Por lo tanto, es sobre todo la dinámica de la defensa la que puede dar a las leyes y a los derechos un valor que nos es indispensable. El derecho no es nada si no cobra vida en la defensa que lo provoca; y sólo la defensa da, válidamente, fuerza a la ley.

3 – En la expresión «Defenderse», el reflexivo es capital. En efecto, se trata de inscribir la vida, la existencia, la subjetividad y la realidad misma del individuo en la práctica del derecho. Defenderse no significa autodefenderse. La autodefensa significa querer tomar la justicia en sus propias manos, es decir, identificarse con una instancia de poder y prolongar sus acciones por propia voluntad. Defenderse, por el contrario, es negarse a jugar el juego de las instancias de poder y servirse del derecho para limitar sus acciones. Así entendida, la defensa tiene un valor absoluto. No puede ser limitada o desarmada por el hecho de que la situación haya sido peor en el pasado o pueda ser mejor en el futuro. Uno sólo se defiende en el presente: lo inaceptable no es relativo.

4 – Por lo tanto, defenderse requiere actividad, instrumentos y reflexión. Una actividad: no se trata de hacerse cargo de la viuda y del huérfano, sino de asegurar que las voluntades existentes de defenderse puedan salir a la luz. Reflexión: defenderse es un trabajo que requiere un análisis práctico y teórico. Requiere, en efecto, el conocimiento de una realidad a menudo compleja que ningún tipo de voluntarismo puede disolver. Necesita entonces un regreso a las acciones emprendidas, una memoria que las preserve, una información que las comunique y un punto de vista que las ponga en relación con los demás. Por supuesto, dejaremos que otros se encarguen de denunciar a los «intelectuales». Instrumentos: no los encontraremos en las leyes, derechos e instituciones existentes, sino en el uso de estos datos que la dinámica de la defensa hará innovador.