Hay que esperar el relevo: la vacuna. Pero está claro que no se podrá vacunar al mundo entero en 6 meses. En la carrera por lograr esta meta es más que evidente que los países emergentes llevan las de perder. Ya vimos acá que con el intento de volver obligatoria la vacunación se generó más desconfianza que esperanza. La duda de la población en general es si funcionará y si tiene algún otro propósito, y mientras este dilema no esté resuelto será difícil, muy difícil el retorno a la normalidad.

Fotografía de Fernando Chuy

Desde la abismal diferencia entre las cualidades éticas y morales de los líderes como la alemana Ángela Merkel y la de los nuestros, hasta la diferencia en capacidades técnicas y logísticas, lo que vemos en el futuro es más de lo mismo y ante esto nos preguntamos: ¿Debemos resignarnos?

Un resonante no es la respuesta.

Sin embargo, mientras nuestros líderes continúen con la mentalidad del menesteroso, esperando que nos donen pruebas y ahora que nos donen vacunas, no se ve luz al final del túnel. La “cadena de frío” que presupone la vacunación con éxito es lo primero a vencer. Ahora es cuando la famosa alianza público-privada debe mostrar el verdadero tejido del empresariado guatemalteco. No tenemos ni siquiera contenedores para poder mantener la vacuna a las frías temperaturas que requiere su efectividad. No tenemos sistema de almacenaje ni transporte y probablemente no tenemos ni siquiera suficiente personal médico capacitado para llevar a cabo esta compleja operación.

En Inglaterra ya inició el proceso y se espera tener al 70% de la población vacunada para marzo. En EE. UU. se convirtió en una operación militar a gran escala, comparándola los propios generales al día “D” de la segunda guerra mundial, el punto de inflexión.

Sin embargo, cabe preguntarse: ¿Con 95% de efectividad y sin respuesta aún del tiempo de la inmunidad, estamos realmente frente al retorno a la vida? Me gustaría pensar que sí, pero de nuevo tenemos dudas. El estimado que la vacuna este “ampliamente disponible” para Centroamérica y África nos coloca en el año 2022, es decir, falta un año entero más. ¿Aguanta la vida social y la economía un año más?  Yo creo que no.

Ya los efectos del desgrane social son palpables y no digamos la economía del guatemalteco promedio. Si obviamos ese 3% de grandes empresas que siguen trabajando con normalidad, el otro 97% del pequeño empresario nacional está al borde del colapso. Las deudas acumuladas y los acreedores incansables, empezando por las municipalidades que no cesan de cobrar el IUSI y el agua.

Estamos ya en el futuro, en los próximos días oiremos que la vacuna en todos los lugares desarrollados está en gran difusión y nosotros como verdaderos “come frijoles” viendo por la ventana.

Es hora que nuestros líderes políticos y empresariales saquen la tarea. Porque según la prestigiosa revista “The Economist”, Guatemala es el país gobernado de peor manera en Latinoamérica, gobernado por élites que solo buscan su autosatisfacción.