Fotografía de Rodrigo Abd

El Grupo de Apoyo Mutuo (GAM) ha presentado el informe semestral sobre el índice de violencia en el país, en el mismo se da a conocer que los homicidios se han incrementado, alcanzando la cifra de 28 muertos por cada 100 mil habitantes, cifra que de continuar aumentando podría colocar al país como el más violento del triángulo norte centroamericano, debido a que, tanto en Honduras como en El Salvador se han implementado políticas de seguridad que han tenido resultados positivos.

Guatemala al carecer de este tipo de políticas, podría sufrir los efectos de la lucha contra la criminalidad de los países vecinos, esto entendiendo que podría producirse el efecto de migración de los criminales hacia territorio nacional. Esas personas que huyen de las autoridades de esos países se vincularán eventualmente con grupos de delincuentes nacionales y al fortalecerse podrían aumentar los robos, el narcotráfico, el sicariato y otros fenómenos ilícitos que pondrán en peligro a la población.

En el informe del GAM se da a conocer que tan solo en los primeros seis meses de 2022 el número de muertos alcanzó la cifra de 2,112, en tanto que de ese total han sido víctimas 339 mujeres. Siendo la mujer el grupo social con mayor vulnerabilidad en la actualidad, en algunos casos con crímenes impactantes como el desmembramiento.

El informe de los seis meses además brinda información que podría ser útil para las fuerzas de seguridad, de tal forma que podrían implementar acciones rápidas para desarticular a quienes cometen homicidios. Entre la información brindada se encuentran las zonas con mayor cantidad de hechos delictivos, estás son: las zonas 18, 6 y 1, haciendo fácil la instalación de retenes y otras medidas en las salidas y entradas de esa área geográfica.

Una política de seguridad debiera estar encaminada a evitar que los delincuentes que huyen de los países vecinos ingresen a territorio nacional, en un segundo plano a que no se vinculen con grupos guatemaltecos y en caso ocurra perseguirlos y no permitirles ningún descanso, de esa manera, podrían desarticularse incluso antes de que empiecen a operar.

Sería un error esperar a que operen para combatirlos, porque el costo de hacerlo será mayor, si de manera preventiva se les detiene en estos momentos y se les deporta hacia El Salvador u Honduras.