Eleq’oncracia

El país se convirtió en una balsa a la deriva en medio de la tormenta de corrupción que nos azota, bolsones de recursos se asignan para pagar favores de campaña sin ningún resultado visible para la población. Carreteras que colapsan, hospitales con tres camas, pruebas falsas y vacunas pagadas que no aparecen por ningún lado.

La competitividad y los demás factores estructurales para que la economía despegue siguen abandonados, empezando por lo que sería el motor de la verdadera reactivación, la vacunación masiva, que permitiría a la industria del turismo y la hostelería reactivarse, sectores que, aunque solo significan el 10% del PIB proveen del 25% del empleo, sobre todo en el área informal.

Y todo se origina en la filosofía de la clase política, no solo la actual, sino la que ha prevalecido desde la conquista. Los recursos del Estado son de quien los maneja, sin vergüenza alguna y quienes son pillados pues aplican dicha forma de vivir, la vergüenza pasará y la próxima generación se convertirá en parte de la élite, si no veamos los ejemplos a través de la historia. Los carreteros que hacían los trabajos de la iglesia durante la Colonia convertidos en nobles, los “achichincles” de Carrera hoy grandes señores de sangre azul, los incondicionales de Barrios grandes terratenientes, los constructores de Ubico son los contratistas de sangre azul de hoy día, los exministros desde la época democrática hoy grandes empresarios de la “cúpula” y los amigos de todos los mencionados la famosa oligarquía.

EN EFECTO LA VERGÜENZA PASÓ Y EL PISTO SÍ QUEDÓ EN CASA…

Hemos como sociedad, en efecto, promovido la ¨eleq´oncracia¨, la élite dominante que logró subir gracias a ordeñar los beneficios del Estado, lejos está el ideal del servicio público, de lo que se trata es de llegar a ordeñar la vaca, y esto justifica las millonarias campañas para los puestos públicos, que si los electos vivieran de los sueldos asignados no pasarían de clase media y se verían obligados al terminar su mandato a buscar un empleo digno. Pero es exactamente lo contrario, expresidentes convertidos en grandes inversionistas en el extranjero, ministros multimillonarios con tanto cash de sobra, que hasta lo dejan tirado en la regadera de casas abandonadas, diputados súbitamente transformados a miembros del jet set y en fin la lista no para.

Sin embargo, todo esto no sería posible sin la participación activa de los empresarios que obtienen beneficios de los contratos con el Estado, sea estos de construcción de obra, venta de medicinas o mascarillas, proveeduría de tecnología y hasta los simples supervisores. No se puede culpar solo a la clase política, esto se volvió un tema de cómo vemos los guatemaltecos y en general las sociedades de todo el mundo el obstáculo de la movilidad social. El sistema económico imperante hace virtualmente imposible sin una herencia, el poder ascender en el elevador social. La salida, si lo vemos en el mundo entero, es la corrupción y el crimen. ¿Qué otra cosa explicaría el fenómeno del narcotráfico, tráfico de personas, lavado de dinero etc.?

Y hay que tener cuidado con las soluciones propuestas, veamos el ejemplo de China donde la corrupción se castiga con la muerte, pero si se es amigo del régimen se hace el “ojo pache” y los que son ejecutados son los enemigos del régimen.

Es imperativo lograr el despertar social, la consciencia colectiva con respecto a cómo logramos erradicar la corrupción. Mientras sea aceptable “colarse en la cola” será aceptable todo lo demás. Y esto nos llevará más temprano que tarde al caso de Liberia, Haití o Somalia. Esto empieza en casa, con el ejemplo.

Y en Guatemala, desarmando el esfuerzo de la lucha anticorrupción, que antinomia más perversa…

 

*Fotografía del encabezado de Esteban Biba