En las últimas semanas todos los análisis se centran en la posición geopolítica estratégica de Ucrania, sin tomar en cuenta o analizar qué quieren los ucranianos. Todos los análisis van en torno a lo que los EE. UU. quiere o lo que Rusia quiere, sin embargo, lo que los ucranianos y los europeos sí quieren es que no haya guerra.

Ya el pueblo ucraniano ha hablado en varias ocasiones y su sentimiento es totalmente pro-europeo y pro-democracia. Analicemos el poco recordado caso de la revolución naranja de 2004, cuando ante un fraude evidente en las elecciones ese año el pueblo salió a las calles y tras días de protesta logró lo impensable: que se repitieran las elecciones. Lograron así transmitir un mensaje alto y claro, que estaban en desacuerdo con las prácticas de Moscú al interferir dentro de sus asuntos internos, tal como lo ha venido haciendo en sus ex – repúblicas desde la disolución de la Unión Soviética. Esto contrasta abiertamente con las medidas autocráticas impulsadas por Putin. Incluso, en 2014 los ucranianos defenestraron a su entonces presidente Yanukovych por resistirse a suscribir un Acuerdo de Libre Comercio con la Unión Europea. Desde entonces los gobiernos de Kiev han sido cada vez más prooccidentales y más anti-Kremlin.

Aunque Ucrania sí tiene absoluto derecho a su soberanía y a su seguridad contra una invasión rusa, es indudable que no tiene derecho a debilitar la seguridad de Rusia en el proceso. Y hay que recordar que Ucrania tiene el mayor ejercito de Europa, tan fuerte que hasta renunció a sus armas nucleares y se las devolvió a la propia Rusia, así que no pensemos que están indefensos y en eso radica la posición de EE. UU. de enviar armamento, ya que le está enviando municiones a un ejército poderoso, aunque muy inferior al ruso.

Desde la disolución de la Unión Soviética, los EE. UU. han consolidado la doctrina Wolfowitz, que claramente propone que la potencia norteamericana sea la única potencia. Para tal efecto lograron que países que antes pertenecieron al pacto de Varsovia, equivalente a la OTAN soviética, se unieran a la entidad de defensa transatlántica, tal el caso de Hungría y Polonia, claramente irritando a los rusos que ven como su área de influencia y defensa se desvanece. Y ahora, con la posibilidad de que Ucrania pase a conformar parte de dicho grupo militar lo que presupone obviamente es una imposibilidad de seguridad para Rusia.

Los EEUU ponen 99% de las amenazas, 2% de los soldados y su complejo industrial militar venderá 100% de las armas, mientras Europa pondrá el 99% de los muertos y sufrirá el 100% de las consecuencias…

MARINKA, UCRANIA: Soldados ucranianos pasan frente a una casa destruida. Fotografía de Brendan Hoffman

Quienes en los Estados Unidos sostienen que Ucrania tiene derecho a elegir sus alianzas militares, deberían de pensar en la larga historia de firme oposición estadounidense a la interferencia extranjera en el hemisferio occidental. Esta posición tuvo su primera expresión en la doctrina Monroe y se manifestó a pleno en la violenta reacción de los EE. UU. al acercamiento de Fidel Castro a la Unión Soviética tras la revolución cubana de 1959, que luego desembocaría en la fracasada invasión de Cuba en Bahía de Cochinos y en la crisis de los misiles nucleares en 1962. Tenemos que admitir que si en ese entonces los norteamericanos se sintieron amenazados al tener misiles nucleares a 10 minutos de Washington, obviamente los rusos se sienten igual al tener la posibilidad de que se asienten misiles en Ucrania a exactamente 10 minutos de Moscú.

Los países no pueden elegir sus alianzas militares, así como así, porque esas elecciones suelen incidir en la seguridad de sus vecinos. Después de la Segunda Guerra Mundial tanto Austria como Finlandia, aseguraron su independencia y prosperidad futura absteniéndose de unirse a la OTAN, algo que hubiera provocado la ira soviética. Hoy, todas las partes involucradas deben mostrar la misma prudencia y ya el sentir del pueblo ucraniano se ha manifestado favorable a esta posición. Incluso el recién concluido viaje relámpago del presidente francés Emmanuel Macron, quien rápidamente se ha convertido en el líder de Europa, trae consigo una propuesta concreta, la “finlandización” de Ucrania, en referencia a que dicho país debe permanecer neutral y abstenerse de unirse a la OTAN.

La crisis actual es el resultado de excesos por parte de Rusia y de Estados Unidos. El de Rusia radica en la anexión en 2014 de la península de Crimea y la ocupación del corazón industrial de Ucrania en Donetsk y Luhansk y en sus intentos constantes de mantener a Ucrania dependiente de la energía, los insumos industriales y los mercados rusos. Ucrania tiene un interés legítimo en lograr una integración económica con la Unión Europea, para lo cual ya firmó un acuerdo de libre asociación. Sin embargo, el Kremlin ve este primer paso como preámbulo de que la pertenencia a la UE signifique el automático ingreso de Ucrania en la OTAN.

Por su parte, los EE. UU. también han cometido excesos. En 2008 el presidente George W. Bush, haciendo propia la doctrina Wolfowitz, pidió que se “invitara” a Ucrania a unirse a la OTAN y agregó que “Rusia no puede vetar dicho ingreso”. Como pronta respuesta se tuvo la anexión violenta por parte de Rusia de la península de Crimea en 2014 y su propósito básico fue asegurarse que la OTAN nunca obtuviera acceso a la base naval y a la flota rusa del Mar Negro.

Ninguna estructura global de paz puede ser estable y segura, a menos que todas las partes reconozcan los intereses de seguridad legítimos de las otras partes.

La pregunta se convierte entonces en: ¿Qué tan dispuestos estarían los otros miembros de la OTAN a enfrentarse a Rusia en el caso de una agresión limitada contra Ucrania?

El costo es demasiado alto para los europeos y eso lo podemos ver en su ambivalencia y falta de decisión de apoyar a los EE. UU. en su posición beligerante. Europa se quedaría sin gas ya que los EE. UU. no tienen la capacidad para suministrarles, eso significaría quedarse sin electricidad ya que las plantas de producción eléctrica a base de energía nuclear fueron cerradas en la mayoría de Europa a raíz del desastre en Fukushima.

Las sanciones económicas le dan risa a Putin ya que sacar a Rusia del sistema internacional de pagos SWIFT castiga más a Europa que a Rusia, pues de nuevo el factor del gas, sobre todo, pero también el petróleo y la madera rusa significarían el fin del sector industrial europeo, sumiendo en una crisis no vista desde la Segunda Guerra mundial al continente europeo.

 

¿Y en que va terminar todo esto?

Mi predicción es que Rusia invadirá el territorio al este del rio Dniepel y creará un corredor terrestre entre dicho rio y el mar de Azov, conectando así por vía terrestre Crimea con la madre Rusia. Y occidente no podrá hacer nada al igual que con la anexión del 2014 de Crimea. El gas seguirá fluyendo a Alemania y la guerra se evitará. Acto seguido, vendrá un cambio de régimen en Kiev y al igual que Bielorrusia y Kazajistán, se convertirán en gobiernos títeres de Putin. Después de todo, tras la estrepitosa salida de los EE. UU. de Afganistán, sus aliados perdieron confianza en la capacidad de respuesta conjunta…