La inseguridad alimentaria afecta actualmente a 2.7 millones de guatemaltecos, lo que indica que la desnutrición, sobre todo la infantil está íntimamente relacionada con la hambruna. El futuro se manifiesta sombrío, porque uno de cada dos menores padece desnutrición crónica, colocándonos en el primer lugar de América Latina y el sexto en el mundo.

Fotografía de Carlos Alonzo

Esta situación no es nueva, desde los años 60 con estudios de instituciones del Estado, se hizo visible el problema, revelando que 6 de cada 10 guatemaltecos menores de 5 años padecían de desnutrición crónica o retardo del crecimiento, y también se evidenció una marcada diferencia entre las poblaciones rurales y urbanas. Se debe indicar que cerca de dos millones de menores de 5 años, según el Censo Poblacional del 2018, representa el 14% de los guatemaltecos, quienes en poco más o menos 10 años, formarán parte de la población productiva.

La desnutrición crónica es consecuencia del desequilibrio nutricional de manera permanente, y ocasiona dificultades en el aprendizaje, es en los primeros dos años de vida cuando el cerebro se desarrolla. Al interrumpirse este proceso, la capacidad cerebral puede ser afectada hasta en un 40%, según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, Unicef.

También la desnutrición genera el poco crecimiento de los niños, lo cual es una condena de por vida, y en algunos casos se convierte en una sentencia de muerte. Esto es grave, pues afecta la supervivencia, la salud, limita la capacidad de aprendizaje y la productividad de la población. La baja talla es la señal más visible de esta condición ligada a la alimentación inadecuada e insuficiente durante los primeros dos años de vida. Pero el peligro más severo es que afecta el desarrollo del aprendizaje de los niños, y aumenta un 16% el riesgo a reprobar al menos un grado escolar, lo que representa para la familia, menos ingresos y mayor probabilidad de ser un adulto pobre.

El fotoperiodista capturó esta imagen en octubre 2020, dice: Yesmin de casi 2 años pesaba 10 libras, la desnutrición le provocó problemas en los pulmones. A pesar de la ayuda recibida, la niña murió el 11 de enero de 2021. Fotografía de Esteban Biba

De no atacar la desnutrición crónica antes de los dos años, este problema significa una condena de por vida, pues detiene el aprendizaje, acarrea deserción escolar y hace perdurable el círculo de la pobreza, realidad a la que está expuesta la mitad de los niños guatemaltecos. Según la Encuesta de Salud Materno Infantil, Ensmi, del año 2009, el 46.5% de los infantes padece dicha condición. Pero los datos son un tanto atrasados, así que la cifra actual podría ser mayor, debido al crecimiento acelerado de la pobreza, a lo que se suman en la actualidad los desastres provocados por las tormentas, que arrasaron cosechas y animales el año pasado en las poblaciones rurales, y la reciente crisis económica generada por la pandemia.

La Organización Mundial de la Salud, recomienda a los Estados que inviertan un 6% del Producto Interno Bruto, PIB, en salud. En el país, la inversión apenas llega al 1%, lo que repercute en los pocos servicios que reciben los guatemaltecos, en ese aspecto, Guatemala es el país de América Latina con la menor inversión en salud, la Pandemia lo vino a demostrar.

El problema es de sobra conocido, se conocen sus causas estructurales, pero no se ha tomado la decisión política para su erradicación. Los gobiernos han implementado acciones por separado, cuando lo que se necesita es una política pública continua con fondos suficientes para erradicar el flagelo. El Partido Patriota dentro de sus políticas contra el hambre y la desnutrición, quiso impulsar el “Plan Hambre Cero”, pero se quedó en el planteamiento. Jimmy Morales no se interesó en el problema, pero fortaleció al ejército. El gobierno de Alejandro Giammattei se enfoca en la “Gran Cruzada por la Nutrición”, que pretende reducir este flagelo en un 7%, acudiendo a varios sectores sociales, pidiéndoles “sus centavitos” como si el problema se solucionara con limosnas. Hasta ahora no se ha avanzado nada, porque “no es una política de Estado, sino política de Gobierno, con las limitaciones e improvisaciones de la administración de turno.

Fotografía de Carlos Alonzo

Para el abordaje de la desnutrición en Guatemala, la estrategia a impulsar debe ser integral y permanente. El problema es multicausal, por lo que se debe abordar desde varias políticas públicas, que además de constituir un problema de salud, se debe abarcar con seguridad social, producción de alimentos y desarrollo en la agricultura, gran cobertura en educación, vivienda digna, seguridad ciudadana, cobertura nacional e involucrar a las agencias internacionales por su experiencia en el combate a este problema. En Guatemala, los niños no representan el futuro del país, son el presente que se manifiesta con toda su crueldad.