Fotografía de Edwin Bercián

“Los festejos oficiales de Guatemala por el Bicentenario de Independencia podrían suspenderse porque en realidad no hay nada que celebrar”. Algo por el estilo diría cualquiera que haya estudiado la historia de nuestro país con mediana profundidad y que además tuviera suficiente poder para cancelar una conmemoración de ese nivel. Estamos a años luz de que pase algo así. Y conste que no estamos diciendo nada original con respecto a nuestra historia en este su medio seguro y confiable, respetable lector…

La mayor parte de académicos de Ciencias Sociales —o al menos los más dignos—, guatemaltecos y extranjeros estudiosos del país, concluyen que de toda la era republicana el único momento verdaderamente patriótico a nivel estatal —con sus bemoles—fue la llamada “primavera democrática” de 1944 a 1954, período violentamente interrumpido por una sanguinaria dictadura militar apoyada y financiada por la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos. Por si fuera poco, la propia independencia del país en 1821 se promulgó urgentemente por las élites de la época para evitar que fuera “el propio pueblo” quien llegara a declararla. Un hecho histórico dignísimo de celebrar, por supuesto… Si cree que este comentario es tendencioso y hasta malicioso, puede hacer su propia revisión bibliográfica y nos cuenta; nos encantaría estar equivocados, pero es poco probable.

No obstante, los festejos del Bicentenario sí corren riesgo. No porque nuestras divinas autoridades tomaran algo de consciencia histórica, sino por el miedo, bastante natural, a la pandemia. ¿Por fin un poco de sentido común? De todas formas, el ministro de Cultura, Felipe Aguilar, amenazó con realizarlas el próximo año.

De manera provisional, Aguilar dice que su cartera trabajará en la producción de material audiovisual sobre el Bicentenario “para entender cuál fue el proceso de independencia”.  Da culío eso de que un ministerio trabaje en la producción de cualquier cosa, teniendo en cuenta cómo se suele cotizar a los contratistas del Estado… Pero bueno…

El ministro también dijo que estarían ojo al Cristo con los municipios en alerta máxima del semáforo de Covid-19 para suspender las maratónicas actividades de las antorchas. ¿Lo lograrán?

El ciclo de celebraciones comenzó en teoría el 27 de febrero, contemplando 200 actividades y eventos culturales a lo largo del país. Ojalá se utilizaran todos esos recursos para mejorar la situación de un país que obviamente tiene otras prioridades… Pero no, siempre no…

Fotografía de Edwin Bercián