La crisis muda de la educación en Guatemala es un grave retroceso que solo algunos padres y maestros comienzan a percibir, unos por desesperación y otros por necesidad, pero por parte de las autoridades competentes es un tema que aún no se ha tomado con seriedad, no existen compromisos ni planes reales que puedan contrarrestar el grave y negativo impacto que se está fraguando.

El progreso humano es lento en muchos casos, en gran manera desigual y en momentos como los que estamos atravesando nos damos cuenta de la fragilidad con que se puede derrumbar para muchos, creando así una brecha mayor donde el alto índice de pobreza y desigualdad se agravan, la educación es importante en todas sus formas por la injerencia directa que tiene en la economía de las personas, también desarrolla un importante papel en la formación y estructura de los colectivos socioeconómicos.  Y en un país como el nuestro en ´cuanto a oportunidad laboral se convierte en algo indispensable.

Sin embargo, y a pesar de que la pandemia ha ocasionado una alarmante pérdida de aprendizaje de maestros y estudiantes, debido al cierre de centros de enseñanza, falta de clases presenciales e incomunicación sumando un preocupante aumento de la deserción educativa y el incremento del trabajo infantil, para nuestras flamantes autoridades gubernamentales este tema por no ser tan cotizado en las redes sociales ni en la mayoría de medios de comunicación, será un problema que no les preocupará en lo más mínimo mientras se cumplan sus años de mandato y lleguen otros a quedarse con el mismo problema, ante un Estado ausente que sigue financiando insuficientemente la educación, que desvía recursos por medio del favoritismo y de la corrupción, que mantiene a sus costillas por medio de pactos oscuros con sindicalistas sin escrúpulos, la educación se vuelve un privilegio y al mismo tiempo perpetúa las desigualdades en el progreso de una parte considerable de la población.

Fotografía de Danilo de Jesús Ramírez

Me gustaría ver algún día que la mayoría de maestros, desvirtualizados de las redes sociales, enajenados de complejos de superioridad por portar ese título, se centren en lo que dicta su responsabilidad, que conviertan en vocación ese trabajo tan infravalorado en estos tiempos de tecnología, que muevan montañas para llevar la educación personal a otro nivel, que recuerden que tienen la llave para romper la ignorancia en las personas, como bien lo dice Noam Chomsky “la obligación de cualquier maestro es ayudar a sus estudiantes a descubrir la verdad por sí mismos” o como decía Nelson Mandela en otras palabras: “La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”. Cuando veamos maestros de esa categoría, seremos testigos del cambio que tendrá este país, por eso es urgente exigir en estos momentos que se le dé la importancia que le ha faltado a nuestro sistema educativo, y es responsabilidad del maestro preguntarse si escogió la profesión correcta y si no se arrepiente, porque ocupa un espacio muy importante en la sociedad.

Espero algún día felicitar con mucho orgullo a todo el personal docente en su día, y no solo a unos cuantos como ha sido todos estos años, un poco tarde pero, feliz día del maestro.