FOTOGRAFÍA DE SIMONE DALMASSO

El Estado de Guatemala, no ha impulsado políticas públicas encaminadas a preservar el medio ambiente, lo que se refleja dentro de la sociedad, en la ausencia de una cultura ambiental. El ejemplo inmediato se puede ver en las toneladas de basura que se acumularon en las playas, luego del fin de la Semana Mayor.

Una cultura ambiental, se supone debe ser parte de la formación en las escuelas, desde las costumbres y hábitos familiares, pero sobre todo debe ser organizado por el Estado. Ello en la emisión de leyes, en su aplicación y sanción, en la organización de actividades de las instituciones dedicadas a la preservación del medio ambiente, en el manejo de la basura, de las aguas, en la preservación de los bosques, de la flora y la fauna. etc. Es la forma como deberían estar diseñadas todas aquellas actividades de las instituciones que garanticen una vida digna, con buena salud y con asistencia social. La forma como deberían interactuar los seres humanos dentro de una sociedad, limpia y sana.

Al ir en las carreteras atrás de algunos autobuses, se puede observar que, desde las ventanillas, sale expulsada variedad de basura. Lo mismo sucede cuando se viaja atrás de carros Mercedes Benz, camionetas familiares, carros de la policía, y todo tipo de vehículos, desde los cuales tiran su basura desde las ventanillas y va a dar en la carretera. A nadie le preocupa esa falta, ni se sanciona esa agresión al ambiente.

El centro geográfico de ciudad Guatemala, se ubica ahora en el Trébol. A solo pocas cuadras se ubica el basurero más grande de Centroamérica, donde se deposita la basura de la ciudad, y la de 13 municipios aledaños. Ninguna administración, y ningún partido político dentro de su programa de gobierno, tienen contemplado que hará con este foco de contaminación, de donde la Municipalidad obtiene buena cantidad de recursos económicos por su uso y manejo. Cuando llueve, la basura es arrastrada hacia los ríos.

Fotografía de Simone Dalmasso

En Guatemala existe poco conocimiento del manejo de la basura, o de cómo reciclarla y por ello se ve inundado el país de bolsas y desechos plásticos, que no terminan en un basurero, sino en las calles, ríos, en el mar, en los bosques y hasta en lugares turísticos, contaminando el entorno. En las cunetas de las carreteras, se encuentran botellas, latas, plásticos, cartones, pañales desechables, cáscaras de frutas y todo tipo de desperdicios inimaginables, y la pregunta es: ¿a dónde va a parar toda esa basura? La respuesta: cuando llueve es arrastrada a los ríos, lagos y depósitos y manantiales de agua.

Los desagües de la ciudad capital, se vierten al Norte por el Rio las Vacas que es afluente del Rio Motagua. En el Sur, al Río Villalobos y se vierten en el Lago de Amatitlán, contaminando sus aguas. Constituye una verdadera tragedia nacional la negativa de las autoridades a todos los niveles en participar y preocuparse por el manejo de las aguas residuales, forma elegante de llamar a los desagües. De nada sirven los proyectos de “agüita mágica”, es necesario que de manera radical no entren contaminantes al lago. Por la basura y contaminantes acarreados por el Rio Motagua al Mar Caribe, Guatemala ya tiene una demanda del gobierno de Honduras, por la contaminación que se produce en la desembocadura del rio y en las playas hondureñas, lo que ya significa un conflicto internacional.

Por los niveles de contaminación, incluso con metales pesados, hacen que el 95 % del agua existente en Guatemala sea inutilizable. Su mala calidad impacta en la vida de las personas que dependen de lo que producen los ríos, los cuales son afectados por la acumulación de basura, que hace que el vital líquido no sea apto para la recreación, la pesca y mucho menos para el riego de cultivos o el consumo humano.

El sector industrial es atrasado y conservador, pero también miope, que no ve las grandes potencialidades de considerar la basura como materia prima, para reciclar, generar gas metano y aprovechar todos los materiales para elaborar nuevos productos, como sucede en muchas partes del mundo. La basura plantea una amenaza que debe ser abordada de manera integral. En ese y otros problemas, se necesitan grandes decisiones de estadistas, en la construcción de la Guatemala del futuro, no la de los mediocres parches de cada cuatro años.

La degradación ambiental en Guatemala, es uno de los graves problemas que debería estar presente en la Agenda de Gobierno y convertirse en política de Estado. Actualmente funciona un ministerio sin recursos suficientes, sin coordinación con otros ministerios, sin especialistas ni estrategias para enfrentar esa amenaza. Por la falta de cultura ambiental, en casi todas las actividades humanas, está de por medio el utilitarismo, la agresión y el irrespeto por el ambiente.