FOTOGRAFÍA DE JUAN ROSALES

Este martes 31 de mayo se realizó una audiencia de declaración anticipada en el caso denominado “Dos Erres” en el nivel 14 de la Torre de Tribunales.

La jueza de Mayor Riesgo “A” Claudette Domínguez escuchó las declaraciones de 2 de 4 testigos previstos, quienes narraron entre sollozos y lágrimas los sangrientos acontecimientos que les tocó vivir durante el Conflicto Armado Interno en una comunidad al norte del país.

El sobreviviente de la masacre Salomé Armando Gómez Hernández, narró entre llanto cómo perdió a sus familiares y le tocó huir para evitar ser masacrado junto a otros pobladores del parcelamiento Las Dos Erres.

El exkaibil Alfonso Bulux Vicente, imputado en este caso por asesinato y delitos contra los deberes de la humanidad, participó en la audiencia a través de videoconferencia desde Mariscal Zavala, centro carcelario en donde se encuentra actualmente recluido.

Esperanza Arriaga, sobreviviente de la masacre, durante su testimonio narró cómo era la vida en la comunidad antes de la masacre cometida por las tropas especiales del ejército del Guatemala el 6 y 7 de diciembre de 1982. Fotografía de Juan Rosales

SOBRE EL CASO “DOS ERRES”

El 7 de diciembre de 1982, soldados guatemaltecos pertenecientes al grupo de élite denominado kaibil llegaron a comunidad Las Dos Erres en el municipio de La Libertad, Petén. Durante la madrugada, sacaron a las personas de sus casas. A los hombres los encerraron en la escuela y a las mujeres y niños en la iglesia evangélica.

Los hombres fueron terriblemente golpeados y torturados antes de ser fusilados. Mujeres y los niños también fueron brutalmente golpeados, pero además los kaibiles, y particularmente los sub instructores, violaron sexualmente a las mujeres y sobre todo a las niñas. Además de golpearlas, los soldados saltaban sobre los vientres de las embarazadas hasta hacer que saliera el feto. Terminadas las torturas contra mujeres y hombres, los kaibiles conducían a la gente a un pozo de agua de la comunidad que se encontraba a medio construir, hincaban de rodillas a las personas y les preguntaban si pertenecían a la guerrilla, luego las golpeaban con un mazo de hierro en el cráneo o les disparaban, para luego lanzar los cadáveres al interior del pozo. En los hechos de la masacre perdieron la vida alrededor de 216 personas.