No está claro el número de olas de contagios de COVID 19 que han ocurrido hasta este momento, pero al parecer esta última es la que mayor número de personas ha enfermado, aunque hay que reconocer que es la menos mortífera de todas.

La que más daño causó fue la primera de ellas, posiblemente por el factor sorpresa, pues la población no estaba preparada y nunca faltaron los defensores de las teorías de la conspiración que decían que seguramente se trataba de un invento y que en realidad la enfermedad no existía, en algunos casos, tarde se dieron cuenta que era toda una realidad y que además era mortífera.

La mayor parte de los muertos a causa de este mal se produjeron en esos primeros meses, durante el periodo pre-vacuna. En esa etapa, debido a encontrarnos en la fase de prueba y error en la medicación y la forma de curación, quienes fueron contagiados seguramente se vieron más afectados emocional y mentalmente, pues se creía que la muerte podía ser inminente.

Con la vacuna y la degradación de la enfermedad es posible enfrentarla de mejor forma, pero la sociedad tercermundista, no debiera confiarse con tanta rapidez, especialmente al ver que los habitantes de los países desarrollados han eliminado la mascarilla de su uso diario, no deben tratar de imitarlos, al menos por las siguientes razones:

 

  1. Guatemala como país tercermundista no cuentan con la red hospitalaria que poseen los países más ricos.
  2. La cantidad de personas inmunizadas es baja, en el caso guatemalteco no alcanza más que 4 de cada 10 personas.

Fotografía de Luis González Palma

Debido a las debilidades, las autoridades no deben apresurarse a relajar las medidas de prevención, tampoco debiera desviarse dinero destinado a vacunas para ser utilizado en otros ámbitos, porque el país continúa requiriendo vacunas, modernos hospitales o mejora de los ya existentes. Sobre todo, de medicina no solo para enfrentar el COVID 19, sino concretamente para enfrentar otras enfermedades que están presentes, pero que han quedado opacadas por la pandemia.

El país requiere de un buen servicio de atención médica y hospitalaria, confío en que los recursos humanos, materiales y monetarios sean administrados adecuadamente.