Con perplejidad, indignación y dolor; pero sobre todo llenos de vergüenza y frustración, observamos atónitos cómo la Policía Nacional Civil y el Ejército de Guatemala recibieron y regresaron a garrotazos, sin consideración alguna a nuestros hermanos hondureños con feroz salvajismo y brutalidad.

Fotografía de Simone Dalmasso

La Constitución Política de la Republica establece: “También se consideran guatemaltecos de origen, a los nacionales por nacimiento de las repúblicas que constituyeron la Federación de Centroamérica, si adquieren domicilio en Guatemala y manifiestan ante autoridad competente su deseo de ser guatemaltecos”.

El Convenio Centroamericano de Libre Movilidad (C-4) se encuentra vigente. Dicho acuerdo establece la libre movilidad entre nacionales de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua, sin restricción alguna. Este convenio además resalta en su artículo 7 que no se puede prohibir el ingreso de centroamericanos por motivos de orden público, seguridad o interés nacional.

Además, está vigente el Sistema de Integración Centroamericana (SICA), que es el marco institucional de integración regional, al cual se adhirieron los arriba mencionados estados además de Costa Rica, Panamá, Belice y Republica Dominicana. Sin duda, la integración centroamericana es fundamental para el desarrollo y la prosperidad de la región, por lo que es indispensable que el proceso no se revierta por acciones como las observadas en contra de nuestros hermanos hondureños.

La actuación militar contra los migrantes hondureños contraviene las obligaciones constitucionales de observar el derecho internacional (art.149) y de dialogar con nuestra región (art. 150-151) y, sobre todo, del artículo 10 que habla de la obligación de proteger la integridad personal, la vida y la libertad de toda persona nacional y extranjera. Además del Código de Migración en también su artículo 10, que impone al Estado de Guatemala la misma obligación de salvaguarda de la vida e integridad de cualquiera que se encuentre en territorio nacional.

Nos ganamos los titulares de la prensa extranjera por el salvajismo mostrado al reprimir, violentar y hacer uso excesivo de la fuerza policial y militar en contra de un grupo desarmado de mujeres y niños. Aún estamos esperando la explicación del canciller Brolo del por qué Guatemala tiene un gobierno represor y violador de los derechos humanos. Eso de controlar una crisis a cachimbazos es contraproducente para todos, especialmente para los guatemaltecos que cada día agarramos peor fama en el mundo.

La gente no busca el sueño americano, sino que huye de la pesadilla centroamericana. Imagínense, si nuestra posición de “tercer país seguro” estuviera en vigencia, una finca como una gran cárcel a cielo abierto, con el director de presidios presidiendo.

Y el otro lado de la moneda, el Gobierno de Guatemala exige en otras latitudes, para nuestros migrantes un trato que no les da a los propios hermanos centroamericanos. Lo único que le interesa es que manden remesas, y eso sí, entonces son “héroes”. Parece chiste, con la mano izquierda se maltrata a los migrantes, pero se extiende la mano derecha para recibir remesas. Más de 45 mil millones de dólares es lo que los migrantes centroamericanos han enviado de regreso a sus casas en 5 años. El que no se haya beneficiado que tire la primera piedra contra los migrantes.

No es posible que los gringos nos pongan a pelear entre hermanos, a generar odio entre nosotros, pues la migración no cesará mientras nuestros pueblos carezcan de futuro y esperanza.