Pensamos que alguien que dedica 20 años de su vida para luchar por llegar a la presidencia lo motivaba su compromiso con Guatemala. Tristemente, nos damos cuenta que el compromiso era con los grupos fácticos de poder y financistas de campaña y que el único fin era recuperar esa inversión de tantos años. Una inversión a largo plazo que está rindiendo frutos espectaculares.

La escasa y capturada institucionalidad existente en el país, bajo asedio desde el desgobierno del payaso no aguanta más. ¿Cómo es posible que un ingeniero con escasas semanas de graduación sea quien dirige la ejecución real del presupuesto? Aunque la pregunta aun sin explicar es ¿Por qué el?

El tema ya desbordó y la solución no es un chapuz al presupuesto 2021. Esto solo fue el pelo que dobló al camello. La chispa que encendió las pasiones, sobre todo ese desdén mostrado en las cadenas nacionales. “20 pelones” no fueron y sí llegaron pacíficamente. Sin embargo, utilizando una táctica contrainsurgente que hacía 40 años no veíamos, se deslegitimó la protesta.

El tema es más profundo que esto, es estructural y sistémico. 200 años de un sistema diseñado para estar capturado y bajo la tutela de quien financia elecciones. Un sistema que depende de quién paga la marimba para escoger las canciones y un sistema que, ante la permisividad mostrada con el crimen organizado, terminó mezclando al empresario legítimo con el capo, asumieron que podían aliarse sin mezclarse y al final los terminaron absorbiendo. Hoy usan los mismos abogados, los mismos contadores y los mismos bancos. Y hasta ofrecen a sus hijas para “azular” todo ese dinero mal habido.

El crimen organizado absorbió todo, con caletas sin fondo y sin miramientos para el uso de la violencia, la captura fue definitiva; veamos los casos de los ministros “de sangre azul” que se entregan a la justicia norteamericana, eso lo dice todo. No quieren ser juzgados acá porque acá su vida no vale un centavo, allá cantan y conservan su ilegitima fortuna, con un apellido de abolengo para la próxima generación.

Rompamos el molde, hagámosle huevos, tiremos la llave a la basura y empecemos de nuevo. El sistema ya no es sostenible y no nos ayuda a generar las condiciones para construir un país. Atrevámonos a construir institucionalidad con un sistema de justicia autónomo de poderes fácticos. Rompamos los sistemas de compadrazgo para la adjudicación de obra y contrataciones con el Estado. Cortemos la mano que nos tiene capturados.

Todo por un país donde quepamos todos y tengamos oportunidades para todos, atendamos a la población más necesitada y enfoquémonos en ese “bono demográfico”, que no se nos huya a los EE. UU. como migrantes, que generen desarrollo acá en su patria.

Si el presidente no ha comprendido la profundidad del hartazgo con el sistema y con quienes se benefician del mismo, es hora de hacérselo saber claro y contundente. Que ignore a sus financistas, nunca más los va a necesitar porque ya es presidente. Ellos ni se acordarán de usted una vez lo expriman y lo utilicen.

Actúe con transparencia y dé la cara y decida si al terminar su periodo va a su casa tranquilo, a la cárcel o al exilio.