Según el filósofo francés Jacques Derrida, la democracia es una conflictividad permanente, que expande sus límites para algunos y los cierra para otros. Sin embargo, Derrida separaba el término democracia de la política, y la plantea como una apertura constante, una aceptación de la otredad, una ampliación permanente de derechos, esa voluntad de visualizar a los excluidos, una separación clave de lo que es la democracia institucional.

La democracia institucional, del latín democratia y este del griego demokratía ‘gobierno popular’, ‘democracia’, formado con dêmos ‘pueblo’ y krateîn ‘gobernar’ o para ser más específico “Poder”, donde nos preguntamos hasta qué punto el poder está verdaderamente en el pueblo o será acaso solo un asunto institucional como tal, con formalismos prefabricados jurídicamente para aparentar que es así cuando realmente el poder pasa por otro lado, desde los tiempos de Aristóteles y Platón, se trataba de equilibrar los supuestos con la Aristocracia, si la democracia es el poder de los muchos, la aristocracia es el poder de los pocos; Platón criticaba la democracia, pues afirmaba que no hay peor gobierno que la democracia, porque en la democracia gobernaba cualquiera.

Hasta qué punto la democracia dice ser un poder para todos, cuando ese todos, siempre excluye a alguien.

Podríamos decir que la democracia que rige nuestros tiempos es de tipo burguesa basada en un Estado capitalista, por supuesto construida con base en una herencia excluyente, hegemónica y llena de dictaduras, pero al fin y al cabo eso también es una democracia para algunos, ¿cómo salimos de eso? ¿cómo cambiamos ese sistema? Claro hablar de un sistema en una sociedad es hablar de algo ya instituido, dejando afuera por un momento la intromisión extranjera, un fenómeno que es muy difícil cambiar, será que los cambios tienen que venir de afuera, dígase el pueblo, o de adentro, dígase poder económico, poder del Estado; será que una “asamblea constituyente” es el camino correcto para ver la otra cara de la moneda que no hemos visto porque hace 200 años la independencia se firmó a puertas cerradas.

La pregunta personal debe de surgir con mayor importancia, dónde me encuentro en esta democracia, ¿adentro o afuera? Independientemente en el lugar que se adjudique, habrá repercusiones para los del otro lado, peor aún, ¿sabe usted reconocer con quiénes comparte ese otro lado? Y más difícil aún, ¿quiénes realmente están del lado que no es el mío?

Vale la pena mantener las cosas como están, en un Estado donde los pobres siguen sin atención, la desigualdad tiene un crecimiento exponencial, la corrupción en los poderes del Estado es el pan de cada día, donde la muerte de personas sigue siendo el pago de las maliciosas prebendas; será que eso es nuestra democracia, algo que pensamos que se viene, llegará en algún momento, o realmente es solo eso, una democracia imaginada.