El presidente volvió a aparecer el pasado viernes luego de una larga ausencia tras los violentos acontecimientos que se desataron durante la manifestación del sábado 21 de noviembre.

En un intento por apaciguar las aguas, Giammattei anunció el cierre definitivo del Centro de Gobierno el 31 de diciembre del año en curso. Además, agregó que pedirá la renuncia de todos los ministros para en enero evaluar su accionar y decidir la continuidad o el cese en el desempeño de sus funciones. Si nos vamos con la finta parecería que el mandatario ha entendido el mensaje plasmado por la ciudadanía en muchos de los carteles que se levantan en la Plaza de la Constitución e intenta satisfacer sus demandas, no obstante, pedir la renuncia del gabinete es una tradición en el Ejecutivo, como la de celebrar la Navidad y el Año Nuevo.

Lo anterior resulta muy poco ante la creciente demanda ciudadana por cambios estructurales en el país (una nueva asamblea nacional constituyente, por ejemplo). Quizá entregar la cabeza del ministro de Gobernación le habría generado más simpatía.

La coyuntura nacional encontró un importante punto de inflexión luego de la espuria aprobación del presupuesto general de la nación por parte del Congreso de la República, sin embargo, lo anterior no parece ser el origen del malestar nacional. El manejo cada vez más cínico con que el partido oficial y funcionarios afines operan políticamente aunado a los escándalos de nepotismo, impunidad y corrupción quizá sea el detonador de cambios más profundos.