Giammattei, en vez de dialogar con las comunidades Q´eqchies en El Estor, impuso su voluntad por a la fuerza y la violencia, a través de la represión, defendiendo los intereses de una empresa que explota los recursos nacionales.  A la población que se ha manifestado en contra las arbitrariedades gubernamentales: le han criminalizado sus demandas, le quitaron sus tierras a la fuerza, ellos abogan por la conservación del ambiente, pero no les consultaron sobre la extracción de la mina de níquel y sobre todo, son acusados de terroristas.  Las operaciones de la mina, son llevadas a cabo por la Compañía Guatemalteca de Níquel, CGN, que le proporciona fachada al operador, que es el grupo suizo de capital ruso, Solway Investiment Group.

El gobernante, utilizó el Congreso (que tiene comprado) para aprobar su Estado de Sitio, convirtiendo en legal una actividad arbitraria, pasando sobre las leyes y la resolución de la Corte de Constitucionalidad que había prohibido las operaciones de la mina. De nuevo, utilizó el poder de las armas y pasó sobre todo principio democrático, que de otra manera no lo hubiera logrado, al no contar con la aprobación y el apoyo de la sociedad. Su gobierno se ha caracterizado por la demagogia, tropiezos y políticas erradas, que lo definen como uno de las peores administraciones que ha tenido el Estado de Guatemala. Tampoco ha cumplido con su plan de gobierno y el espontaneísmo es una constante de su gobierno, todo ampliamente conocido en la conciencia de la población. Sus acciones como gobernante, se le han revertido, con un abrumador rechazo de la sociedad, donde algunos grupos sociales continúan exigiendo su renuncia.

A estas alturas de su gestión, se le cuestiona fuertemente su vocación autoritaria para gobernar y es tan evidente la pérdida de legitimidad, que hasta en las encuestas a nivel de América Latina, lo ubican en el último lugar, como el peor presidente de la región, por el mal manejo de la vacunación, y por la corrupción, que se ha convertido en su carta de presentación, a nivel nacional e internacional

Giammattei se encuentra dentro de una ruta sin retorno. ¿Cómo se podrá salvar de esa crisis política?  Pretendiendo ganar espacio y poder político, ha realizado alianzas con fuerzas y personalidades cuestionadas por ser parte del pacto de corruptos, del crimen organizado, de las dictaduras, el clientelismo, el tráfico de influencias y demás lacras que han gobernado el país. Al haber perdido la confianza del gobierno norteamericano, significa que le quitarán la alfombra por donde pudo caminar sin tropiezos políticos, como todo un estadista; para convertirse en un camino empedrado con muchos obstáculos.

El presidente se encuentra en el filo de la navaja y será cuestión de tiempo, para que lo corte de tajo en sus pretensiones demagógicas.

Ahora, como un último recurso, apela a la conciencia de los guatemaltecos, en sus tradicionales y creencias religiosas, para apaciguar el descontento y la incertidumbre creada por su gobierno. El pasado 27 de octubre, el Canciller de Guatemala, Pedro Brolo Vila, en nombre del presidente de la República, invitó a su Santidad el Papa Francisco para realizar una visita oficial a Guatemala. Este no le dijo ni sí ni no, su respuesta fue muy diplomática, indicando que “tiene presente a Guatemala”. Es evidente que el Papa no vendría al país, no se prestará al juego gubernamental, ni tampoco servirá para avalar a un gobierno corrupto. La misma invitación hizo Pérez Molina, que consideró la visita papal, como una tabla de salvación y a la vez cortina de humo, para que el Papa lo sacara de la crisis política, encubriera su corrupción, recurriendo a la conciencia de la población guatemalteca, la que al final lo sacó de la presidencia.

Fotografías de David Toro y Carlos Alonzo

Varios gobernantes impopulares han utilizado de manera abusiva la religión, condicionando a la población, para que apoyen a los gobernantes. Se recordará a Ríos Montt, cuando introdujo varias sectas fundamentalistas en medio de la guerra, para atemorizar a los ciudadanos, neutralizar el apoyo que le brindaban a los insurgentes, o para que la gente encontrara un refugio ante la represión. El fanatismo religioso fue introducido como parte del “Proyecto Contrainsurgente”, y con la próxima venida del entonces Papa Juan Pablo II, este le pidió clemencia al presidente de facto, para que perdonara la vida a varios condenados a muerte.  Ríos Montt de todos modos fusiló a los “presuntos” subversivos, burlándose del Sumo Pontífice. Ahora la hija de ese dictador quiere ser presidente de Guatemala.

Algo parecido a la conquista de los castellanos, que impusieron con la espada y la cruz, las nuevas creencias que debían seguir los pueblos originarios, con las que al final fueron sometidos y esclavizados. Este gobierno recurre a la misma burda estrategia, razón por lo que no resultará su juego político, al apelar a la religión y las nobles tradiciones y creencias del pueblo guatemalteco.