En apenas la tercera parte de su período, el presidente de la República ya enfrenta una crisis política total. La población se moviliza en los departamentos, toma las calles, llena las plazas, realiza bloqueos en las carreteras, exigiendo su renuncia del gobierno. Uno de los principales motivos de ese masivo descontento, es la poca o ninguna respuesta a las demandas de la población, sobre todo, la más empobrecida y vulnerable. El problema de la FECI y la destitución de su fiscal, fue la gota que derramó el vaso, pero no es el problema principal. El Pacto de Corruptos, se acrecentó en el gobierno de Otto Pérez, por ello se le obligó a renunciar, pero la corrupción es un mal inherente y generado por el propio sistema político, clasista, racista, hambreador y de exclusión social. Es propio de los oligarcas dueños del Estado, que velan únicamente por los intereses de los grupos económicos de poder. La corrupción se manifestó desde un principio, siguiendo la tendencia ascendente de las últimas administraciones y es un “problema estructural” como indicó Martín Toc, de los 48 Cantones de Totonicapán.

La crisis se desbordó, por la forma irresponsable con que el gobierno respondió a la pandemia. Los programas de asistencia sanitaria y económica del año pasado, se entregaron tarde, con muchas anomalías y síntomas de malversación. El Bono Familiar, que pudo ser una política acertada, excluyó a las personas más necesitadas, de la ciudad y el campo. Estos programas fueron financiados con el endeudamiento público más alto en la historia del país. El plan de vacunación constituye un escándalo, negligencia y corrupción, sobre todo, por la forma ya conocida, en que se negoció con los rusos, sin utilizar los canales diplomáticos y económicos oficiales.  Se ha recibido alrededor del 5% del total acordado, y la distribución y la aplicación de estas vacunas en el tiempo estipulado, es humanamente imposible. La vacunación se sigue realizando con donaciones de países amigos.

En su programa de gobierno, se prometió combatir la impunidad, que apoyaría los programas de prevención social, en seguridad combatiendo las pandillas enraizadas en el país y el narcotráfico. Ofreció construir una comisión especial, que combatiera la corrupción como una alternativa, a la ausencia de la CICIG expulsada por Jimmy Morales. Giammattei consideró esta institución, como una intervención en los asuntos internos del país. En la alianza del Pacto de Corruptos, fue una situación incómoda para sus negocios fraudulentos, como al final llegó a ser la FECI con sus investigaciones.

Fotografía de Esbin García

Normalmente, el plan de gobierno, se implementa en el primer año. Al final de ese año y principios del segundo, se ven resultados. Pero llegar al segundo año, en prueba y error, indica que el gobierno fracasó, y en el tercer año, no habrá resultados, manteniéndose así hasta el final. Se recordará que el cuarto año ya es un año electoral. Giammattei indicó que los sectores sociales empobrecidos, serían la razón del desarrollo y bienestar de su gobierno. Su programa de gobierno nunca arrancó y su megaproyecto, un tren que recorrería todo el país, para resolver los problemas económicos, de abastecimiento, de comunicación entre regiones y puertos, de un nuevo modelo de producción agrícola, de integración social, etc., fue una farsa.

En las relaciones internacionales, desde el pasado gobierno, hubo un gran retroceso, por la poca visión política, en la elaboración de una política internacional propia. Han aplicado una Agenda política, económica y de seguridad, impuesta desde el exterior, siguiendo los lineamientos de los Estados Unidos. Este se propuso recuperar el control económico, político, social y militar de los estados que se le fueron de las manos, que son obstáculos para adueñarse de sus recursos naturales y del subsuelo. Se refiere a Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia, Ecuador en su momento y también Brasil con sus inmensas riquezas naturales. Estos, aplicando el principio de soberanía, han edificado su propio destino, creando su propio sistema político y económico, con una nueva visión de integración regional y con objetivos de solidaridad claramente definidos, declarando América Latina, una zona de paz.

El Gobierno de Giammattei en una clara política dependiente, se ha sumado a las pretensiones imperialistas de EE.UU. Se han creado condiciones para que las Relaciones Internacionales de Guatemala, sean objeto de duras críticas y reducción de relaciones comerciales, económicas y diplomáticas. Guatemala estará estancada y en algunos casos retrocediendo, se encuentra ante la observación crítica de la comunidad internacional, y en la aplicación de los principios que rigen la convivencia entre estados.  En su propio territorio no ha producido los resultados políticos, económicos y sociales que la sociedad desearía y necesita. Todo indica que pasará a la historia, como un gobierno fracasado.