Los distractores como el supuesto atentado a Giammattei, son utilizados por los gobiernos autoritarios, para desviar la atención de los verdaderos problemas del país. La lista de problemas es de sobra conocidos, no se necesita ser analista político, basta ver los medios de comunicación todos los días, para estar informado.

En estas acciones se incluye, trasladar una falsa imagen de la realidad como sucedió con la negativa del mandatario a no publicar el verdadero texto del PNUD, Informe Nacional de Desarrollo Humano 2020, titulado «La celeridad del cambio: hacia una mirada territorial del desarrollo humano». En 2021, Giammattei detuvo la publicación del informe, por ser objetivo con la realidad del país, y porque los temas abordados en el documento, lo incomodaron, al querer hacer creer que este es un país próspero y bien gobernado, con crecimiento y estabilidad económica, aunque es de todos conocido, dicha estabilidad proviene de las remesas de los migrantes.

Fotografía de Jeffrey Abbott

En este informe se retrata la cruda realidad que vive el país, como la hambruna, la desnutrición que ya alcanza la cifra de cuatro millones 600 mil habitantes, la desnutrición infantil en aumento, el desempleo, el crecimiento desmedido de la población en la economía informal, las calamidades que se producen dentro del creciente Corredor Seco, los grandes problemas de salud, el deterioro de la educación, la destrucción del ambiente, la falta de seguridad y el crecimiento del Crimen Organizado, represión a la libertad de organización, la persecución a la libertad de expresión y de la oposición crítica,  libertad del pensamiento, entre otros. Todo ello retrata lo típico de un régimen dictatorial.

Con sus acciones erráticas, desaciertos políticos, con sus berrinches y rabietas, sumadas a las incoherencias con la necesidad del bienestar y desarrollo del país, el mandatario está logrando lo que otros gobiernos no consiguieron, aglutinar al pueblo de Guatemala, pero en su contra. Debería entender que el pueblo de Guatemala, está colmando la paciencia, alimentando el descontento y la desesperación de las mayorías que están buscando formas organizadas de oponerse al régimen. Que, dentro de la población, se está alimentando el descontento y la rebeldía. Varios profesionales, políticos y personajes notables de la vida nacional, se han pronunciado públicamente en sendos campos pagados, exigiendo al gobierno, el respeto del Estado de Derecho, de la Justicia y los Derechos Constitucionales, e instando a la población a luchar por su cumplimiento.

Se debe tomar en cuenta como experiencia histórica, que toda estructura de dominación que se imponga por la fuerza, sufre un desgaste político, que lleva a la sociedad al hartazgo, que genera un descontento que va en aumento, hasta llevar a formas organizadas de oposición y resistencia. Estas pueden evolucionar en formas inimaginables, desde la resistencia pasiva y las manifestaciones, donde la gente gana las calles en oposición al régimen, hasta la situación vivida en tiempos de Jorge Ubico y de Miguel Idígoras Fuentes, en donde la oposición se convirtió en resistencia, y luego en lucha armada. Pero parece que no se quiere aprender de la historia, que sumió al país en 36 años de ingobernabilidad. Donde los grupos del poder económico y militar imponen regímenes y dictaduras, pasando por la violación de los más elementales derechos de la sociedad. Esos tiempos ya pasaron, pero los grupos del Poder Económico, la Liga de la Corrupción, el Crimen Organizado y los Delincuentes de Cuello Blanco, enquistados en los organismos del Estado, tratan de perpetuar su forma de gobernar a un pueblo, que, aprendió a oponerse, al sistema de la derecha neofascista que lo ha reprimido.

Fotografía de Esteban Biba

La resistencia organizada de un pueblo, no se produce por gusto, debería ser un llamado de alerta que le abriera los ojos a Giammattei, indicándole que su administración no funciona. Sin embargo, el gobierno pasándose por encima de las críticas y señalamientos nacionales e internacionales, se considera inmune, porque no existe quien lo persiga jurídicamente. Esto por no existir la CICIG, al haber capturado los Poderes del Estado. Al haber impuesto una justicia anticorrupción. Al haber copado la Fiscalía General y la Fiscalía Contra la Impunidad, FECI y ahora al Procurador de los Derechos Humanos, la universidad estatal y otras instituciones de Gobierno.

Aparentemente hay pasividad en la ciudadanía, que hasta ahora da la impresión de permanecer apática. Pero la vida digna a la que aspira a sociedad es ahora inalcanzable. El gobierno se lo ha negado al pueblo, y se escuda en la crisis de la pandemia y culpando a los críticos de quererlo derrocar. ¿Cuánto durará? Solo el pueblo puede decidir el tiempo de existencia de este y los gobiernos parecidos. Solo falta que despierte.

Fotografía de Esteban Biba