Uno de los más grandes problemas estructurales en Guatemala, es el uso y la tenencia de la tierra. No se ha podido impulsar una estrategia integral que facilite el acceso de los campesinos a la tierra, a fin de que constituya para quienes la trabajan, la base de su estabilidad económica, fundamento de su progresivo bienestar social, desarrollo y garantía de su libertad y dignidad.

Fotografía de Ruta 35

La situación agraria, abarca múltiples aspectos de la vida rural, desde la modernización de las modalidades de producción y de cultivo, hasta la protección del ambiente, pasando por la seguridad de la propiedad, la adecuada utilización de la tierra y del trabajo, la protección laboral y una distribución más equitativa de los recursos y beneficios del desarrollo. A ello se debe agregar que además de contar con la tierra para trabajarla, se necesita de los insumos necesarios para que los campesinos la hagan producir y también disponer de un mercado que garantice la compra de su producción. A ello se agrega la infraestructura necesaria, que asegure sacar su producción al mercado.

Desgraciadamente, cuando se plantea el problema de la tierra, la oligarquía terrateniente, salta enfurecida argumentando el respeto y el derecho a la propiedad privada. Sin embargo, este sector económico no cuenta con un planteamiento de desarrollo nacional, únicamente defiende “su” desarrollo. El problema de la tierra enfrentó a la sociedad guatemalteca hasta con las armas, y los terratenientes junto con Estados Unidos y el ejército, armaron una contraofensiva, cuando el gobierno de Árbenz, implementó el Decreto 900. Con ello se beneficiaron con tierras a los campesinos. Los terratenientes solo ven la expropiación como medida de la Reforma Agraria, pero su miopía no alcanza a apreciar reformas parecidas, que se han producido en otros países, y que los llevaron al desarrollo económico. La historia de la destrucción de las conquistas de la revolución es de sobra conocida, así como el papel intolerable, autoritario y dictatorial del Estado de los terratenientes, que la introducción de la producción capitalista en el agro, fue considerada comunismo, algo muy avanzado para su mentalidad conservadora y semi feudal.

Miguelito y Oralia se conocieron durante la guerra mientras combatían en la guerrilla. Ahora viven juntos y se dedican a actividades productivas dentro de la comunidad Nuevo horizonte. Fotografía de Ruta 35

En Petén, los excombatientes revolucionarios radicados en la Finca Nuevo Horizonte, implementaron el “Trabajo Colectivo”, el cual los llevó a tener uno de los más grandes éxitos en la producción campesina. En su desmovilización, el gobierno les vendió una finca, pagadera en 20 años. Nadie les regaló nada, y con el tiempo la finca fue pagada en su totalidad, los títulos de propiedad se encuentran ahora en manos de los compañeros.

La finca no fue fraccionada en parcelitas, lo que hubiera representado un error garrafal, porque cada uno en lo particular no tendría la capacidad de producir para cubrir los gastos y la deuda a los bancos, como tampoco trabajar la tierra de manera extensiva. El Estado no hubiera podido introducir energía eléctrica ni agua, potable a cada casa por separado, lo que hubiera constituido una obra monumental, para cada campesino. Esos servicios públicos, se introdujeron a toda la finca, la cual goza de todas las comodidades que se pueden observar en los centros urbanos.

Fotografía de Ruta 35

El secreto fue el trabajo colectivo, con el cual se impulsaron proyectos de cultivo de peces, de ganado, de producción de oxígeno con la siembra de bosques y otros proyectos productivos. Se debe destacar la administración de la finca y de los proyectos, a cargo de una Junta Directiva rotativa, la cual planifica, organiza, y dirige la producción. De las ganancias, sale para pagar sueldos, comprar insumos, adquirir vehículos de transporte y de trabajo, invertir en nuevos proyectos y pagar algunas regalías de los mismos asociados. Se han construido escuelas, un centro de salud, de recreación, campos deportivos y otras obras de beneficio para la comunidad. Han enviado a sus hijos a estudiar incluso a la universidad. Pero lo más importante, pagarle mensualmente al banco el precio de la finca. Otros proyectos de cooperativas fueron un fracaso, porque los bancos les decomisaron la tierra, al no contar con una eficiente organización, ni la producción y las ganancias que hubieran permitido los pagos oportunos.

Transformar la finca en un centro agro-industrial, está en los planes futuros. Los compañeros son dueños de su finca, aplicando un modelo que los terratenientes nacionales han estigmatizado y considerado atentatorio a la propiedad privada. Nadie se robó nada, todo se pagó en su momento y es un centro de producción capitalista, que en parte resuelve los problemas de la pobreza en el país.  Al menos de una comunidad, que se ha convertido en ejemplo para sus vecinos, que distan mucho de emprender ese tipo de producción. Para lograrlo, los compañeros se han despojado del individualismo, del egoísmo, de la mentalidad acaparadora del terrateniente y han edificado un futuro seguro para sus descendientes.

¡Felicitaciones!