Pasó otro 15 de septiembre sin mayores sobresaltos, aunque pensándolo bien, este vez las fiestas patrias adquirieron otra tónica luego de dos años de vivir encerrados con el miedo al que nos querían mantener acostumbrados nuestras autoridades gubernamentales que siguen haciendo su agosto en pleno septiembre desde que agarraron el cargo, ya no se sabe cuándo se encaramaron como garrapatas en las arcas del Estado porque cada gobierno que asume el poder en Guatemala parece la misma versión del anterior solo que empeorada y más descarada.

Fotografía de Fernando Chuy

Pero no estamos aquí para hablar de cómo nos vienen viendo la cara de majes desde 1985 con la supuesta apertura democrática, que es verdad, vino a traernos mayores libertades civiles, pero a la larga (se están acostumbrando) y al final de cuentas todo esto se deformó y ya deberíamos reconocer que hoy estamos casi con la misma cantidad de muertos por violencia que durante la guerra, si nuez que más, pero me gusta ser  optimista y pensar que aún está en nuestras manos construir un futuro diferente para este remedo de país al que yo llamo Guatemalistán, quizá algún día los nietos de mis sobrinos nos saquen del pantano en que nos mantienen sumergidos las élites pálidas y sus familias a la abrumadora mayoría india y morena.

Cada quien es libre de celebrar como mejor considere la presunta independencia de Guatemala, pero todo esto en un marco de conocimiento sobre lo que significa hacerlo. Ir a traer una antorcha es una actividad emocionante para la muchacha jamás acostumbrada a correr por las avenidas de la Ciudad del Futuro, pero puede resultar exasperante para los guatemaltecos que siempre se quejan del tráfico (de drogas) y los constantes embotellamientos que azotan las principales urbes de la República de Majes (así también me gusta llamarle), pero es esta misma gente quejumbrosa de los atascos viales en Ciudad San Cristóbal la que nunca en su perra vida usa el transporte público, ya sea por acomodados o porque les da miedo o asco, ambos todos o igual.

Fotografía de Fernando Chuy

LO QUE PASÓ EN XELA SÍ FUE UN SOBRESALTO

Está yuca construir un sentido de identidad nacional a partir del rock guatemalteco y conceptos como «chapín de sangre» y cursilerías por el estilo, más si tomamos en cuenta que estos músicos le vendieron su alma al diablo (cervecería centroamericana, pepsi y cualquier consorcio poderoso) y vienen manteniendo adormecidas a  ya varias generaciones de jóvenes que no encuentran por ningún lado referentes que los inciten a rebelarse contra las injusticias tan cotidianas como a las que nos tienen acostumbrados los alcaldes de la Ciudad del Futuro y sus alrededores martirizándonos TODOS los días con el tedio del congestionamiento del tránsito.

Ojalá los empresaurios que comercializan con bebidas espirituosas, alcohólicas y otros estupefacientes por fin agarren onda y se pongan serios con la tan cacareada responsabilidad social, a ver si como roncan duermen y le echan la mano a todas las familias que perdieron un ser querido en esa tragedia que bien podían evitar.

Como ya se me secó un poco la garganta voy a tomarme una Gallo bien fría y como decía Palmieri, espero que las 4 gatas que me lean se pongan truchas para sacar pecho, arremangarse la camisa y trabajar por el bien común.

Si se quedaron ganosos y quieren saber más sobre por qué yo en particular no celebro la independencia, las invito a que lean esta joya que publicó hace ya algunos añitos la licenciada Maya Juracán y que el buen Camilo Villatoro hizo favor de darle una manita de gato, La Independencia (versión didáctica para majes)