Según las estadísticas, alrededor de tres millones, setecientos treinta mil guatemaltecos se encuentran en el rango de la inseguridad alimentaria. La agudización de la crisis económica y el desempleo, desencadenadas por la pandemia covid-19 y la devastación de las tormentas Eta e Iota del año pasado, indican que las cifras empeorarán, dejando en una situación de mayor vulnerabilidad a miles de familias, principalmente en las áreas rurales, las cuales perdieron cultivos, animales de crianza e incluso sus viviendas.

Además de la destrucción provocados por los fenómenos naturales, el problema de la desnutrición se debe, entre otras causas, a las condiciones de pobreza y extrema pobreza en que viven las familias. Las desigualdades sociales y económicas son extremas, y condenan a gran parte de la infancia del país a una vida limitada por los efectos de la malnutrición.

El hambre que campeaba en pocos departamentos, se ha extendido a otras zonas del país. Petén y los departamentos de la Franja Transversal del Norte no padecían de ese problema, pero ahora, incluso, alcanza a las periferias de las zonas urbanas. Para las familias rurales, el país se encuentra en uno de los períodos del año, cuando se produce la crisis alimentaria estacional, la gente se queda sin reservas de alimento y tampoco tiene trabajo para conseguir dinero y comprar comida, situación que recrudece la crisis alimentaria.

En estas áreas, las familias dependen de su jornada laboral y el año pasado durante los meses duros de la pandemia, la falta de transporte y las restricciones impuestas por el gobierno, hicieron difícil conseguir trabajo. Ahora que el país está abierto, los riesgos son otros, las personas están expuestas al contagio del covid-19 en las fincas de caña, café, palma africana, cardamomo, potreros y otras, llevando el virus a sus viviendas y a sus comunidades.

Los efectos de la destrucción de las cosechas y la falta de abastecimiento para este año, indican que el panorama no es nada alentador hasta que se vuelvan a levantar las nuevas cosechas. Mientras tanto, se prevé que en 18 departamentos habrá población en crisis alimentaria. Más pesimista es la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en Fases, CIF, la cual indica que la condición de las familias en crisis alimentaria, no mejorará en los próximos meses. La proyección es que siga así hasta enero de 2022, alimentándose como puedan, y esto llevará a más niños con hambre, enfermedades, y más muertes por desnutrición aguda.

Fotografías de Esteban Biba

Guatemala, es el país de América Latina con la tasa más alta de desnutrición crónica, en niños menores de 5 años, lo cual es particularmente alarmante y es una de las más elevadas del mundo, con un 49%. En algunas zonas rurales, alcanza el 80%. El país es actualmente es sexto país del mundo con peores índices de malnutrición infantil.

El 75% de muertes de niños por desnutrición aguda durante el 2021 se produjo en Alta Verapaz, departamento que encabeza la lista de inseguridad alimentaria de los últimos cinco años. Es el departamento que concentra mayor cantidad de muertes de niños menores de cinco años por desnutrición aguda, sin embargo, este fenómeno se está expandiendo a otras zonas del país. Lo cruel es que no se trata solo de estadísticas, son niños que han muerto como consecuencia de varios factores, entre los que destacan la pobreza, la inseguridad alimentaria y el escaso acceso a servicios de salud en territorios lejanos, donde la ausencia del Estado agudiza el problema.

Tener niñez con hambre y desnutrición aguda y su muerte como consecuencia, se agudiza por falta de acceso a los servicios de salud, además de no existir tratamientos preventivos o curativos, lo cual pone al país ante el mundo, al borde de la vergüenza. El gobierno ha ejecutado muy poco los fondos relacionadas con la reparación de la infraestructura destruida el año pasado por las tormentas, y son escasos los fondos que se han destinado a la crisis alimentaria. Con la entrada este año de la época de lluvias, ya se están sufriendo las consecuencias de otra temporada de huracanes, que se han pronosticado por encima del nivel promedio.

La solución de la potencial crisis, tiene que ver con la coordinación de todas las políticas públicas que se deben impulsar desde los ministerios, enfocados en hacerle frente. De no ser así, se prevé el incremento de las demandas sociales, y estarían llevando al gobierno incluso, a manifestar altos grados de ingobernabilidad y perder la total legitimidad. La población no está satisfecha con el actual gobierno de corruptos, por lo que pide respuestas acertadas y de no obtenerlas, se podría llegar a situaciones políticas imprevisibles.