El 13 de noviembre, se conmemoran 62 años del levantamiento de los oficiales jóvenes del ejército, que lucharon contra el entonces régimen corrupto de Miguel Idígoras Fuentes, quien traicionó la soberanía nacional, cediendo el territorio guatemalteco a los Estados Unidos, para entrenar a los mercenarios que invadieron Cuba, por Playa Girón. Para muchos ese acontecimiento da inicio a la guerra; para la historia, esa fue una nueva forma hacer política de lucha dentro del proceso de resistencia, contra la invasión mercenaria de la “liberación” y la imposición de regímenes militaristas y dictatoriales, que dieron inicio a una larga lista de acontecimientos insurgentes.

Fotografía de Edson Sebastián

El proceso democrático iniciado con la Revolución del 20 de octubre de 1944, fue destruido en 1954 con la intervención del gobierno norteamericano, por medio de la Agencia Central de Inteligencia, CIA, la cual organizó, financió y dirigió a un grupo de mercenarios.  Sometió al ejército, se destacó la posición entreguista de la oligarquía y de la burguesía nacional, apoyando el Golpe de Estado contra el presidente Jacobo Árbenz Guzmán.

La “liberación”, eliminó las conquistas de la revolución, fueron canceladas las instituciones que impulsaron las políticas, programas y proyectos que beneficiaron al pueblo. La tierra se les arrebató de nuevo a los campesinos, que fueron beneficiados por la Reforma Agraria, y en la mayoría de los casos, se utilizó la fuerza contra aquellos campesinos “agraristas”, incluyendo el asesinato de sus dirigentes y líderes. La resistencia organizada, surge como respuesta lógica y como un derecho del pueblo de Guatemala, ante el autoritarismo y represión, del gobierno de Carlos Castillo Armas. La resistencia tuvo muchas manifestaciones con las que se demostraba, el descontento contra los abusos del gobierno liberacionista

Fue la contrarrevolución de 1954, la que sentó las bases para extender el descontento popular. Además, se produjo el cierre de los espacios políticos de participación, la exclusión, marginación, la intolerancia, la profundización de la pobreza y la represión política implementada, fueron factores que contribuyeron y alentaron a utilizar otras formas políticas de lucha, en este caso, la lucha armada.

Ante la represión, algunos revolucionarios y personalidades democráticas pasaron a la clandestinidad, como un mecanismo de defensa, para seguir luchando en otras condiciones y con otros métodos, otros optaron por el exilio. Dentro de esa resistencia, se organizó a los trabajadores, los campesinos, comerciantes, los estudiantes de la universidad y de secundaria, que impulsaron protestas, manifestaciones y huelgas, que en su momento fueron significativas expresiones del descontento generalizado. Se crearon varios medios de difusión clandestinos para denunciar los abusos y atropellos de la liberación, y de esa manera se informó, educó y orientó a la población.

A pesar de haber logrado un alto grado de dirección y organización, ello no fue suficiente para enfrentar las huestes armadas del gobierno liberacionista, que practicaba la persecución, el encarcelamiento, la tortura, los asesinatos, la desaparición forzada y otras violaciones a los más elementales Derechos Humanos. La transformación de la resistencia revolucionaria en movimiento armado, fue un proceso que dio respuesta a las estrategias implementadas en Guatemala por EE.UU., la CIA y los militares golpistas locales. Fue la “liberación”, la que entró asesinando a la población, la que dio inició a la guerra en Guatemala.  

Sucesivamente, los gobiernos autoritarios y sus dictaduras, impusieron e implementaron la Contrainsurgencia, esto, antes de que siquiera, surgiera la Insurgencia organizada. El 13 de noviembre, transformado en movimiento revolucionario, fue una nueva forma de lucha política dentro de un proceso único de resistencia, utilizando nuevas estrategias. Dio paso a la lucha armada, al haberse creado las condiciones políticas necesarias dentro de la sociedad para su desarrollo. Eso lo ha enseñado la historia, la población luchó de diferentes maneras, en las huelgas, en las calles, con las armas, contra regímenes como el de Manuel Estrada Cabrera, contra Jorge Ubico, contra Idígoras Fuentes, contra las dictaduras militares, incluso contra Otto Pérez Molina. Habrá que observar hasta donde llegará el Pacto de Corruptos, su autoritarismo y la consolidación de un régimen dictatorial, que no han aprendido nada de la historia y de lo que les espera, ante una sociedad descontenta contra tanto abuso y la continuada corrupción, originada por el sistema político que gobierna.