El ex juez Mynor Moto, elegido por el CANG para ser magistrado de la CC. Fotografía de Fernando Chuy

Muchos preguntan ¿por qué eligen a personas cuestionadas para integrar las altas Cortes de nuestro país? Para responder debemos analizar el origen de este círculo vicioso y su relación con el sistema político del país. Veamos…

Si bien es cierto que existen tres órganos del Estado y cada uno debe ser independiente entre sí, nuestra realidad es otra. Por eso se habla de una “cooptación del Estado”, debido a que lejos de existir independencia, hay un “acuerdo” (entre quienes ostentan el poder político) para realizar acciones coordinadas que han tendido a controlar toda la institucionalidad democrática en aras de usar al estado para favorecer sus intereses particulares, por la vía de la apropiación del erario público o para permitir otras actividades ilícitas.

¿Y cuál es la importancia de las Cortes para los “políticos de turno”? Recordemos que toda denuncia de corrupción es conocida por una Corte de apelaciones, una Corte Suprema y una Corte de Constitucionalidad. Entonces, si los funcionarios abusan de su poder y autoridad, necesitan tener asegurada la impunidad para ser absueltos sin sufrir consecuencias por sus actos. Allí, el círculo vicioso.

Allan «Masto» Rodríguez, presidente del congreso de la república. Fotografía de Carlos Sebastián

¿En dónde empieza? Del análisis se evidencia que empieza en el sistema electoral vigente, dominado por organizaciones políticas que (en la actualidad) lejos de ser partidos políticos reales, que representen la ideología o los intereses de la gente, son simples instrumentos electorales utilizados para alcanzar los puestos de decisión política en el país. Financiamiento-elección-decisión-corrupción-impunidad.

El Congreso elige a los magistrados de Cortes de Apelaciones, Corte Suprema de Justicia y un magistrado de la Corte de Constitucionalidad así como el Presidente de la República y la Corte Suprema. Si el congreso está controlado por diputados vinculados a la corrupción o intereses particulares de los financistas, van a elegir magistrados que les protejan, sin minimizar la responsabilidad de las comisiones de postulación. Si éstas escogieran solamente a profesionales probos, no importaría a quién escoja el Congreso. Y si los tres escogen a magistrados “corruptos”, controlan también la Corte de Constitucionalidad.

El Presidente a su vez designa también al jefe del Ministerio Público, encargado de la persecución penal, y si ambos están comprometidos, terminarán de cerrar el círculo vicioso de la corrupción que hoy vivimos.

Por lógica entonces, si las autoridades electas son corruptas, seguirán escogiendo, a su vez, a otros funcionarios iguales. El sistema electoral es fundamental y urge su reformar para poder elegir funcionarios (as) éticos, probos, correctos, con vocación de servicio y trabajo para el pueblo.

Fotografía de Simone Dalmasso